agosto 29, 2026
OK

OK: la palabra que nació como chiste y hoy miente por nosotros

Era un martes gris de marzo de 1839. Charles Gordon Greene, editor del Boston Morning Post, terminó de escribir una columna de burlas hacia el diario rival de Providence y, casi por accidente, añadió al final dos letras: «OK». No sabía que acababa de crear la palabra más repetida del planeta. Tampoco sabía que esa broma tipográfica —abreviatura cómica de «oll korrect», una forma intencionalmente errónea de escribir «all correct»— iba a sobrevivir guerras, revoluciones tecnológicas y hasta llegar a la Luna (fue, según el lingüista Allan Metcalf, la primera palabra pronunciada en suelo lunar). Hoy, 23 de marzo, se cumplen 186 años de eso. Y vale la pena preguntarse: ¿qué nos dice O.K. sobre el marketing político, sobre cómo escribimos y, sobre todo, sobre cómo mentimos acerca de nuestra salud mental?

OK

OK como el primer eslogan político

Lo que pocos saben es que O.K. no llegó al gran público por un periódico, sino por una campaña presidencial. En 1840, Martin Van Buren —apodado «Old Kinderhook» por su pueblo natal en Nueva York— adoptó las iniciales OK como lema de campaña. Sus seguidores fundaron los «OK Clubs» por todo el país, y de pronto la palabrita tenía doble significado: Old Kinderhook era, claro, «all correct». Según la historiadora Claire Jerry, curadora del Museo Nacional de Historia Americana del Smithsonian, la campaña de 1840 fue la primera elección moderna de EE. UU. en usar eslóganes, canciones, mercancía y construcción de imagen de forma organizada (History.com, 2023). Una forma de hacer marketing político que hoy podemos encontrar en esta época electoral en el Perú.

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Van Buren perdió. Pero O.K. ganó. Ojo a esto porque allí está la lección de marketing político que sigue vigente: la marca sobrevive al candidato. Lo que hoy llamamos branding personal —esa obsesión por crear una imagen, un apodo, un hashtag memorable— tiene raíces en aquella campaña de sombreros y pancartas. Como diría Mario Vargas Llosa, vivimos en «la civilización del espectáculo» (Vargas Llosa, 2012), pero eso no empezó con las redes sociales; empezó, quizás, con un par de letras impresas en un periódico de Boston. Lo que vende no siempre son las propuestas. A veces basta con una buena abreviatura.

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OK y su repercusión en la escritura: de Boston a los emojis

Hay algo que me parece fascinante —y un poco inquietante— en todo esto. La moda que produjo O.K. en 1839 era exactamente igual a lo que hacemos hoy en WhatsApp. Los intelectuales jóvenes de Boston se divertían escribiendo mal a propósito y abreviando frases disparatadas: «KG» para «know go» («no go» mal escrito), «OW» para «oll wright»… Básicamente, el LOL del siglo XIX. El lingüista Allen Walker Read fue quien descubrió los orígenes de O.K. en la década de 1960, después de revisar cientos de periódicos físicos de los años 1830 (Metcalf, A., OK: The Improbable Story of America’s Greatest Word, Oxford University Press, 2010).

Entonces cuando alguien me dice que hemos evolucionado yo respondo que eso es discutible. Depende a qué nos referimos. Porque si a la escritura intencionalmente rota le sumamos los emojis —que son, en el fondo, jeroglíficos del siglo XXI—, el acto de comunicar se convierte en un ejercicio de decodificación constante. No sé si eso es retroceso o simplemente cambio. Pero sí creo que demuestra algo que la lingüística lleva décadas estudiando: el lenguaje no es estático, es un organismo vivo que muta según su contexto social y tecnológico. OK no murió como broma; lamentablemente evolucionó. Y nosotros con él, para bien o para mal.

«Estoy OK»: la frase más usada y la más falsa

Aquí es donde la historia de OK se pone realmente seria. El psiquiatra Thomas Harris publicó en 1967 el libro Yo estoy bien – Tú estás bien, en el que aplicó el análisis transaccional —desarrollado por Eric Berne— para explicar cómo las personas construimos nuestra autoimagen a partir de posiciones relacionales básicas. Harris sostenía que la posición más común, y más dañina, es «No estoy OK – tú sí estás OK»: la postura de dependencia ansiosa que adoptamos de niños y que muchos nunca superamos (Harris, T.A., I’m OK – You’re OK, Harper & Row, 1967). El libro vendió más de 15 millones de copias. Y sin embargo, décadas después, seguimos respondiendo «estoy OK» cuando obviamente no lo estamos.

La serie coreana It’s Okay to Not Be Okay (2020) lo dijo con más honestidad que cualquier manual de autoayuda: está bien no estar bien. Porque el problema no es estar mal; el problema es fingir que todo está correcto cuando no lo está. Después de la pandemia de 2020, los índices globales de ansiedad y depresión se dispararon de forma alarmante según la OMS, y aun así la respuesta automática ante «¿cómo estás?» sigue siendo «ok, bien». Esas dos letras que nacieron como chiste en 1839 se han convertido, quizás, en el mayor mecanismo de defensa lingüístico de la historia.

Dos letras. Una broma

186 años de historia. OK es, a la vez, el primer eslogan de la política moderna, el ancestro de nuestros LOLs y emojis, y el escudo verbal más usado para ocultar malestar emocional. Que una abreviatura cómica de un periódico decimonónico haya terminado siendo todo eso me parece, sinceramente, una de las ironías más perfectas del lenguaje humano. La próxima vez que alguien te pregunte cómo estás, quizá valga la pena hacer una pausa antes de responder en automático. Porque OK no siempre significa que todo esté bien. A veces significa exactamente lo contrario.

Preguntas frecuentes

¿Cuándo y dónde se usó por primera vez la palabra OK?

OK apareció por primera vez impresa el 23 de marzo de 1839 en el Boston Morning Post. El editor Charles Gordon Greene la usó como abreviatura cómica de «oll korrect», una versión intencionalmente mal escrita de «all correct» (todo correcto).

¿Qué relación tiene OK con el marketing político?

En la campaña presidencial de 1840, los seguidores de Martin Van Buren —apodado «Old Kinderhook»— adoptaron OK como lema de campaña, convirtiéndola en uno de los primeros eslóganes políticos organizados de la historia moderna de EE. UU.

¿Por qué decir «estoy OK» puede ser un problema de salud mental?

Según el psiquiatra Thomas Harris en su obra I’m OK – You’re OK (1967), muchas personas operan desde una posición de «No estoy OK», pero la expresan de forma contraria para no mostrar vulnerabilidad. Responder automáticamente «estoy OK» puede ser un mecanismo de defensa que impide reconocer y tratar el malestar emocional real.

¿Es la escritura abreviada en internet algo nuevo?

No. En la década de 1830, los círculos intelectuales de Boston ya tenían la moda de crear abreviaturas de palabras escritas intencionalmente mal. OK es precisamente el producto más famoso de esa moda, antecesora directa del LOL, OMG o cualquier otro acrónimo del internet actual.

Bibliografía

  • Metcalf, A. (2010). OK: The Improbable Story of America’s Greatest Word. Oxford University Press.
  • Harris, T. A. (1967). I’m OK – You’re OK. Harper & Row.
  • Vargas Llosa, M. (2012). La civilización del espectáculo. Alfaguara.
  • History.com Editors. (2023). The Birth of OK. HISTORY. https://www.history.com/articles/the-birth-of-ok-175-years-ago
  • Boston Magazine. (2017, marzo 23). When the Word «OK» Was Invented in Boston. https://www.bostonmagazine.com/news/2017/03/23/boston-morning-post-ok/
  • Organización Mundial de la Salud. (2022). World mental health report: Transforming mental health for all. OMS.

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