Era la noche del 14 de abril de 1912 y el Titanic navegaba a toda máquina por el Atlántico Norte. En los salones de primera clase, los pasajeros más ricos del mundo bebían champán, jugaban a las cartas y reían sin preocupación alguna. A las 23:40, el barco golpeó el iceberg. El casco se abrió. El agua comenzó a inundar los compartimientos inferiores. Y durante la primera hora después del impacto —una hora entera— los salones de primera clase siguieron funcionando exactamente igual: música, conversación, copas llenas. Los pasajeros de cubierta inferior, que ya sentían el frío del agua subiendo por los pasillos, golpeaban puertas que nadie abría. Los de arriba no sabían —o no querían saber— que el barco ya se estaba muriendo. A las 2:20 de la madrugada, el Titanic desapareció en las aguas heladas del Atlántico. Y uno no puede evitar preguntarse, mirando el Perú de hoy ante el Fenómeno del Niño que se avecina: ¿no es exactamente esta la misma escena? ¿No estamos también nosotros bebiendo y jugando mientras el agua sube?

El Fenómeno del Niño sin precedentes y la clase política que mira hacia otro lado
Los científicos no usan el lenguaje de la alarma con ligereza. Cuando el SENAMHI y la NOAA advierten que el Fenómeno del Niño que se aproxima podría ser el más intenso en un rango de 500 a 1.000 años ¡Esto es tremendo! No están exagerando para atraer titulares —están describiendo datos paleoclimáticos que no dejan espacio para la ambigüedad. Temperaturas oceánicas anómalas, glaciares en colapso acelerado, patrones de lluvia que los modelos no habían visto antes. Mientras tanto, la conversación pública en el Perú gira alrededor de otra cosa: el supuesto romance de la presidenta de la república, las infidelidades de un conocido streamer y el último escándalo político que durará exactamente lo que dure el ciclo de noticias de 48 horas. La clase política, ocupada en sus trincheras de siempre, no ha convocado una sola sesión de emergencia climática. El iceberg está a la vista y la orquesta toca sin parar.

El negocio de la distracción y el Fenómeno del Niño
No es casualidad que el Fenómeno del Niño ocupe menos espacio en los medios que el romance presidencial o las lágrimas de un streamer traicionado. La distracción mediática no siempre es conspiración —a veces es simplemente economía: el contenido emocional y trivial genera más clics, más tiempo de pantalla y más ingresos publicitarios que cualquier informe técnico sobre riesgo hídrico. El investigador Tim Wu documentó en The Attention Merchants (2016) que los medios modernos compiten por la atención humana con las mismas herramientas que los casinos: estimulación constante, recompensa variable y ausencia deliberada de pausas para la reflexión. El resultado es una ciudadanía informada sobre quién le fue infiel a quién, pero completamente desorientada sobre qué hacer cuando el Rímac desborde o los huaicos corten la Panamericana Norte. Los pasajeros de primera clase del Titanic también estaban perfectamente informados sobre los chismes de a bordo. Nadie les había explicado dónde estaban los botes salvavidas.

El mayor peligro en tiempos de turbulencia no es la turbulencia misma, sino actuar con la lógica de ayer.
Peter Drucker
El sesgo de normalidad ante el Fenómeno del Niño
El obstáculo psicológico más difícil de vencer ante el Fenómeno del Niño no es la ignorancia —es el sesgo de normalidad. El psicólogo cognitivo Daniel Kahneman documentó en Thinking, Fast and Slow (2011) que el cerebro humano tiende sistemáticamente a subestimar la probabilidad de eventos sin precedentes y a sobreestimar su capacidad de adaptación ante ellos. En el Perú, ese sesgo adopta la forma de una frase que se escucha en cada conversación sobre el tema: «Ya hemos pasado por El Niño y lo superamos». Es verdad —pero incompleta y peligrosa. El de 1997-1998 dejó 366 muertos, 500.000 damnificados y pérdidas equivalentes al 12 % del PBI. Si el evento que se aproxima es, como advierten los científicos, entre cinco y diez veces más intenso, «ya lo hemos superado antes» no es experiencia útil —es anestesia cognitiva. Los pasajeros del Titanic también conocían el mar. Nunca habían visto uno así.

¿Qué siga el baile?
A las 2:20 de la madrugada del 15 de abril de 1912, el Titanic se partió en dos y se hundió. La orquesta tocó hasta casi el final —los músicos lo sabían, pero seguir tocando era lo único que podían hacer. En el Perú de hoy, sin embargo, todavía hay tiempo. El Fenómeno del Niño no ha llegado. Los compartimientos inferiores aún no están inundados. Pero el agua ya sube, los científicos ya advierten y la ventana para prepararse se cierra con cada semana que pasa mirando hacia otro lado. La pregunta que este post deja no es técnica —es moral: ¿quiénes somos nosotros en esta historia? ¿Los pasajeros de primera clase que siguen bebiendo champán? ¿Los músicos que tocan porque no saben qué más hacer? ¿O los que bajan a los compartimientos inferiores, abren las puertas y gritan que hay que prepararse ahora, no mañana? La orquesta puede seguir tocando. Pero alguien tiene que ir a buscar los botes salvavidas.
Preguntas frecuentes (FAQ)
¿Qué hace tan excepcional al Fenómeno del Niño que se aproxima?
Los modelos paleoclimáticos del SENAMHI y la NOAA sugieren que podría ser el evento más intenso en un rango de 500 a 1.000 años, con temperaturas oceánicas anómalas y patrones de precipitación sin precedentes en los registros instrumentales modernos. El de 1997-1998, considerado hasta ahora el más severo del siglo XX, dejó 366 muertos, 500.000 damnificados y pérdidas equivalentes al 12 % del PBI peruano.
¿Qué es el sesgo de normalidad y por qué es peligroso ante desastres?
Es la tendencia cognitiva documentada por Kahneman (2011) a subestimar la probabilidad de eventos sin precedentes y a sobreestimar la capacidad propia de adaptación. Ante desastres, se manifiesta en frases como «ya lo hemos superado antes» que, aplicadas a un evento de magnitud radicalmente superior, generan inacción en la fase preventiva cuando la preparación tendría mayor impacto y menor costo.
¿Por qué los medios priorizan el escándalo sobre la alerta climática?
Por razones económicas estructurales: el contenido emocional y trivial genera más atención, más tiempo de pantalla y más ingresos publicitarios que los informes técnicos sobre riesgo climático. Wu (2016) documentó que los medios modernos compiten por la atención humana con herramientas diseñadas para maximizar el engagement emocional, lo que sistemáticamente desplaza la información de utilidad pública compleja hacia los márgenes de la agenda.
¿Qué puede hacer un ciudadano común ante el Fenómeno del Niño?
Informarse a través de fuentes técnicas verificables como el SENAMHI e INDECI; preparar un kit de emergencia familiar con agua, alimentos no perecederos, documentos y medicamentos para al menos 72 horas; conocer las rutas de evacuación y los puntos de encuentro de su distrito; y exigir a sus representantes políticos que la preparación ante el desastre ocupe el lugar en la agenda pública que el riesgo real justifica.
Referencias bibliográficas
- Instituto Nacional de Defensa Civil (INDECI). (2024). Plan de contingencia ante El Niño 2024-2025. INDECI. https://www.indeci.gob.pe
- Kahneman, D. (2011). Thinking, fast and slow. Farrar, Straus and Giroux.
- NOAA Climate Prediction Center. (2024). El Niño/Southern Oscillation (ENSO) diagnostic discussion. NOAA. https://www.cpc.ncep.noaa.gov
- SENAMHI. (2024). Boletín climático nacional: Perspectivas ante el Fenómeno El Niño. Servicio Nacional de Meteorología e Hidrología del Perú. https://www.senamhi.gob.pe
- Wu, T. (2016). The attention merchants: The epic scramble to get inside our heads. Knopf.

