agosto 29, 2026
Rage-Baiting

Rage-Baiting: cuando lo malo se vende como bueno

Hace un buen tiempo leí el ensayo de George Orwell «Los buenos libros malos». Y descubrí que, efectivamente, las cosas son así tal y como él las plantea. Existen ciertas novelas populares que están llenas de clichés y argumentos predecibles. No son grandes obras literarias pero cumplen una función social que los grandes clásicos no pueden cumplir. Por ejemplo: entretienen con eficacia, llegan masivamente a millones y satisfacen necesidades emocionales reales. No obstante, cuidado con esto. Orwell no las defendía por su calidad —las defendía por su función. Aquella paradoja orwelliana —lo malo que produce algo bueno— resuena hoy con una actualidad que su autor nunca imaginó. Porque en el ecosistema digital del siglo XXI existe un fenómeno que lleva esa lógica al extremo más sórdido: el Rage-Baiting. Contenido intrínsecamente malo, argumentalmente vacío, periodísticamente amarillo —y sin embargo extraordinariamente «bueno» para quienes lo producen. La pregunta es: ¿bueno para quién? ¿Y a qué costo?

Rage-Baiting

Rage-Baiting: cómo lo malo se convierte en negocio rentable

Lo que resulta difícil de comprender para muchos es cómo programas intrínsecamente malos terminan siendo tan rentables. La explicación está en el Rage-Baiting —la práctica deliberada de producir contenido diseñado para provocar ira e indignación ¿Por qué realizan estas producciones? Pues, porque esas emociones generan más interacción que cualquier otra. Varios streamers han confesado sin tapujos que su intención no es el bienestar de la sociedad —uno llegó a decir que su propósito era «incendiarla». Argumentos absurdos, datos falsos, titulares sesgados: periodísticamente son basura. Pero comercialmente son oro. La neurociencia lo explica: la investigadora Molly Crockett de la Universidad de Oxford documentó en Nature Human Behaviour (2017) que la indignación moral online se propaga con una velocidad y una intensidad que ninguna emoción positiva iguala. El algoritmo no premia la verdad —premia la reacción. Y la ira es la reacción más barata de provocar y la más cara de controlar.

El Rage-Baiting y el Clickbait: la métrica que destruye el periodismo

El Rage-Baiting tiene un cómplice estructural: el periodismo de Clickbait. En el ecosistema digital, la métrica reina es el clic —y los titulares exagerados, el estilo brutality, el lenguaje soez y los programas sin profundidad son los que más clics generan. Un conocido broadcaster peruano defendió esta práctica con lo que los sociólogos llaman «la falacia del espejo»: «nosotros solo emitimos lo que le gusta a la gente». Es decir, el problema estaría en los consumidores, no en el emisor. Eso es falso —y la comunicología lo ha demostrado. Los algoritmos de recomendación no reflejan los gustos del usuario: los construyen. Le presentan de forma insistente contenidos que buscan provocar una respuesta emocional específica. Y vaya que lo logran. Por el contrario, un programa bien estructurado, con análisis riguroso y entregado con respeto suele estar muy por debajo en vistas. La métrica los castiga. Esa es la triste arquitectura del problema. Por eso, otra frase «célebre» es: «las buenas noticias no venden».

No todo crimen es vulgar, pero la vulgaridad es un crimen

Óscar Wilde

La alfabetización mediática como antídoto al Rage-Baiting

La respuesta al Rage-Baiting no es la censura, como algunos proponen. Pienso que la solución está en la alfabetización mediática. Es decir, en la capacidad de reconocer, analizar y cuestionar los mecanismos que los medios usan para manipular la atención y la emoción. La UNESCO define la alfabetización mediática e informacional como una competencia que debieran poseer los ciudadanos. Esta capacidad, implica cinco hábitos concretos: identificar quién produce el contenido y con qué interés; distinguir entre dato verificable y opinión presentada como hecho; reconocer cuándo un titular apela a la emoción en lugar de informar; auditar el propio consumo digital con la misma conciencia con que se audita la dieta alimentaria; y elegir activamente fuentes con estándares editoriales verificables.

¿A quién le das el fósforo?

El streamer que confesó querer «incendiar» a la sociedad no es el verdadero problema —el verdadero problema es la sociedad que le entrega el fósforo cada vez que hace clic. La alfabetización mediática no es un curso optativo de la universidad —es la competencia de supervivencia más urgente de nuestra época. Y la buena noticia es que se aprende. No en una semana ni en un taller de fin de semana: se aprende en el hábito cotidiano de preguntar, antes de compartir cualquier contenido, tres cosas simples: ¿quién lo produjo?, ¿qué quiere provocar en mí?, y ¿es verdad? Tres preguntas. Tres segundos. El antídoto más accesible que existe contra la máquina que convierte lo malo en negocio a costa de nuestra atención, nuestra ira y nuestra dignidad como ciudadanos. Para el cristiano, esto no es solo competencia digital —es mayordomía de la mente: Filipenses 4:8 llama a pensar en lo verdadero, lo honesto y lo justo. Aplicado al consumo mediático, ese versículo es el mejor filtro algorítmico que existe. A menos que tengas una propuesta más eficaz y comprobada.

Preguntas frecuentes (FAQ)

¿Qué es el Rage-Baiting y cómo funciona?

Es la práctica deliberada de producir contenido diseñado para provocar ira e indignación porque esas emociones generan más interacción que cualquier otra. Funciona aprovechando que los algoritmos premian la reacción emocional por encima de la precisión informativa. Crockett (2017) documentó que la indignación moral online se propaga con una velocidad e intensidad que ninguna emoción positiva iguala.

¿Qué es el Clickbait y en qué se diferencia del periodismo legítimo?

El Clickbait es la práctica de diseñar titulares exagerados o engañosos cuyo único objetivo es generar clics, independientemente de la precisión o el valor informativo del contenido. El periodismo legítimo subordina el impacto emocional del titular a la precisión del contenido. La diferencia fundamental es la responsabilidad editorial: el periodismo responde ante la verdad; el Clickbait responde ante la métrica.

¿Qué es la alfabetización mediática y por qué es urgente?

Es la competencia que permite acceder, evaluar, usar y crear medios de forma crítica y ética, según la UNESCO. Es urgente porque los algoritmos de recomendación construyen activamente los gustos del usuario en lugar de reflejarlos, creando dependencia de contenidos diseñados para provocar reacciones emocionales. Sin alfabetización mediática, el ciudadano consume sin discernir y comparte sin verificar.

¿Qué es la alfabetización mediática y por qué es urgente?

Filipenses 4:8 llama a pensar en lo verdadero, lo honesto, lo justo y lo puro —un filtro que aplicado al consumo mediático equivale a verificar antes de compartir, rechazar el contenido que apela a la ira como primer recurso y elegir fuentes con estándares editoriales verificables. La mayordomía de la mente es una responsabilidad espiritual que incluye lo que permitimos que entre por los ojos y los oídos cada día.

Bibliografía

  • Crockett, M. J. (2017). Moral outrage in the digital age. Nature Human Behaviour, 1, 769–771. https://doi.org/10.1038/s41562-017-0213-3
  • Orwell, G. (1945). Good bad books. Tribune. [Reproducido en Collected Essays, Secker & Warburg, 1968]
  • Postman, N. (1985). Amusing ourselves to death: Public discourse in the age of show business. Viking.
  • UNESCO. (2013). Media and information literacy: Policy and strategy guidelines. UNESCO. https://unesdoc.unesco.org/ark:/48223/pf0000225606
  • Zuboff, S. (2019). The age of surveillance capitalism: The fight for a human future at the new frontier of power. PublicAffairs.

Deja una respuesta

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *