Mi esposa Ruth lleva veintiocho años frente a un aula en el Callao. Dice que algo cambió notoriamente en los últimos diez años: antes tenía uno o dos niños que no podían quedarse quietos; ahora cuenta cinco, seis, a veces ocho. El hospital Sabogal, que queda a pocos kilómetros de nuestra casa, reporta desde 2023 un incremento sostenido de diagnósticos de TDAH en la región. Ruth no sabe si eso confirma lo que ella observa o si simplemente ahora los médicos diagnostican mejor lo que siempre existió. Esa pregunta —aparentemente simple— esconde uno de los debates más complejos de la neurociencia y la psiquiatría contemporáneas: ¿hay más niños con TDAH que antes, o hay más conciencia, más diagnóstico y más pantallas que imitan sus síntomas? La respuesta honesta exige mirar ambas posibilidades sin prejuicio

TDAH: ¿qué es realmente y por qué su diagnóstico se ha disparado?
La ciencia nos dice que el TDAH —Trastorno por Déficit de Atención e Hiperactividad— es una condición neurobiológica con base genética sólida. El neurocientífico Russell Barkley documentó en ADHD and the Nature of Self-Control (1997) que entre el 70 y el 80 % de los casos tienen componente hereditario identificable. Entonces, no es producto de mala crianza ni de niños malcriados. Se trata de una diferencia real en la arquitectura cerebral. Sin embargo, su diagnóstico creció un 42 % en Estados Unidos entre 2003 y 2011, según los Centros de Control. En el Perú, el incremento reportado en centros como el Sabogal refleja en parte mayor acceso al diagnóstico, mayor conciencia entre docentes y pediatras, y menor estigma para buscar ayuda. Separar el aumento real de casos del aumento de diagnósticos es el desafío metodológico más serio que enfrenta la investigación sobre TDAH hoy.

Las pantallas, el entorno moderno y su relación con el TDAH
Ahora les presento la parte más incómoda de este tema. La investigadora Jean Twenge documentó en iGen (2017) que la generación nacida después de 2010 —los primeros nativos digitales completos— muestra niveles de atención sostenida significativamente menores que generaciones anteriores a la misma edad. Pero no tergiversemos, eso no significa necesariamente TDAH clínico. Significa más bien que el entorno hiperdigital entrena el cerebro infantil hacia la gratificación inmediata y el estímulo constante. Ello produce síntomas que se parecen al trastorno sin serlo. El neurocientífico Dimitri Christakis demostró en Pediatrics (2004) que cada hora diaria de televisión antes de los tres años aumenta un 10 % la probabilidad de problemas atencionales a los siete. Las pantallas no causan TDAH —pero amplifican sus síntomas y crean falsos positivos que complican el diagnóstico. Posiblemente los docentes ven ambas cosas a la vez, sin saber distinguirlas.
El TDAH no es un problema de saber qué hacer — es un problema de hacer lo que sabes.
Russell Barkley, neurocientífico especialista en TDAH

TDAH, familia y fe
El niño con TDAH no necesita más regaños, eso nos advierten los especialistas. Necesita un entorno que comprenda cómo funciona su cerebro y lo acompañe con paciencia y afecto. La investigación de Edward Hallowell en Driven to Distraction (1994) documentó que los niños con TDAH que crecen en familias con rutinas claras, validación emocional consistente y espacios de movimiento físico regular desarrollan mecanismos de autorregulación significativamente mejores que quienes crecen en entornos caóticos o hipercríticos. Desde la cosmovisión cristiana, el niño con TDAH no es un niño roto —es una mente diseñada de manera distinta por un Creador que valora la diversidad de la creación. Salmo 139:14 lo sostiene: «Maravillosas son tus obras». La iglesia y la familia cristiana tienen la vocación de ser exactamente el entorno seguro, estructurado y lleno de gracia que ese niño necesita para florecer.

La respuesta no es sencilla
Mi esposa Ruth tiene razón en que algo cambió. Y la ciencia le da una respuesta compleja: hay más diagnósticos porque hay más conciencia. Pero también hay más síntomas reales porque el entorno digital moderno no favorece el desarrollo atencional de ningún niño, tenga TDAH o no. La respuesta no es alarmarse ni ignorar —es informarse, observar con cuidado, buscar diagnóstico especializado cuando los síntomas persisten e intervenir temprano con estrategias que la evidencia respalda. Y recordar, siempre, que detrás de cada diagnóstico hay un niño con nombre propio, con talentos únicos y con una historia que merece ser acompañada con paciencia, amor y la convicción de que diferente no significa deficiente.
Preguntas frecuentes (FAQ)
¿Qué es el TDAH y cuáles son sus síntomas principales?
Es un trastorno neurobiológico con base genética que afecta la capacidad de regular la atención, el impulso y la actividad motora. Sus síntomas principales incluyen dificultad para mantener la atención en tareas prolongadas, impulsividad difícil de controlar e hiperactividad motora que no corresponde al contexto. Afecta entre el 5 y el 7 % de los niños en edad escolar a nivel mundial, según la OMS.
¿Por qué aumentaron los diagnósticos de TDAH en los últimos años?
Por dos razones simultáneas: mayor conciencia y acceso al diagnóstico —docentes y pediatras reconocen mejor los síntomas— y un entorno digital que produce síntomas similares al TDAH en niños sin el trastorno. Christakis (2004) documentó que la exposición temprana a pantallas aumenta significativamente los problemas atencionales, lo que complica la distinción diagnóstica.
¿Las pantallas y los videojuegos causan TDAH?
No causan el trastorno —que tiene base genética y neurobiológica— pero sí amplifican sus síntomas en niños predispuestos y generan problemas atencionales en niños sin el trastorno. La investigación de Twenge (2017) documentó que la generación de nativos digitales muestra niveles de atención sostenida significativamente menores que generaciones previas a la misma edad.
¿Cómo pueden la familia y la escuela ayudar a un niño con TDAH?
Con rutinas claras y predecibles, validación emocional consistente, espacios de movimiento físico regular y estrategias de enseñanza que fragmenten las tareas en pasos cortos. Hallowell (1994) documentó que los niños con TDAH en entornos estructurados y afectuosos desarrollan mecanismos de autorregulación significativamente mejores que quienes crecen en ambientes caóticos o hipercríticos.
Bibliografía
- Barkley, R. A. (1997). ADHD and the nature of self-control. Guilford Press.
- Centers for Disease Control and Prevention. (2022). Data and statistics about ADHD. CDC. https://www.cdc.gov/ncbddd/adhd/data.html
- Christakis, D. A., Zimmerman, F. J., DiGiuseppe, D. L., & McCarty, C. A. (2004). Early television exposure and subsequent attentional problems in children. Pediatrics, 113(4), 708–713. https://doi.org/10.1542/peds.113.4.708
- Hallowell, E. M., & Ratey, J. J. (1994). Driven to distraction: Recognizing and coping with attention deficit disorder. Pantheon Books.
- Twenge, J. M. (2017). iGen: Why today’s super-connected kids are growing up less rebellious, more tolerant, less happy. Atria Books.

