Ricardo tenía catorce años cuando decidió que no era humano. No lo decía en broma. Frente al espejo del baño, con los ojos entrecerrados, practicaba el movimiento de sus «orejas de lobo». Sus padres pensaban que era una etapa. Su psicólogo también. Pero Ricardo pasaba horas en foros digitales donde otros como él —los therians— confirmaban que su alma era, en esencia, la de un animal atrapado en cuerpo equivocado. Esta historia es ficticia, claro, pero se repite con asombrosa frecuencia hoy en TikTok, Reddit y Discord. Definitivamente esto me genera preguntas que no puedo ignorar.
También, debo precisar que Los therians —del inglés therianthropy, derivado del griego θηρίον (thērion, «bestia») y ἄνθρωπος (ánthrōpos, «humano»)— se identifican espiritualmente con animales (Gerbasi et al., 2008). Ojo, no es cosplay. Ellos afirman una conexión ontológica real. Además de esto, la otra cosa que ha llamado mi atención es la etimología, ¿por qué? Porque esa misma palabra, thērion, la usa Juan en Apocalipsis 13:1.

Los Therians y la Crisis de Identidad que los produce
Los therians no surgieron de la nada. La adolescencia es, ya lo sabemos, un campo minado de preguntas existenciales. Erik Erikson lo describió hace décadas: la búsqueda de identidad es la tarea central de esa etapa (Erikson, 1968). Cuando esa búsqueda ocurre en un entorno digital fragmentado y acelerado, el resultado puede ser… jum, inesperado. A esto se suma la susceptibilidad a movimientos contraculturales. Los therians encuentran comunidad, lenguaje compartido, identidad grupal. Eso no es trivial. El ser humano necesita pertenecer. Pero confundir una metáfora o una identificación emocional con una realidad ontológica es un salto enorme. Yo, por ejemplo, llevo años en redes como «The Fox». Me atraen ciertos rasgos del zorro —la astucia, la adaptabilidad—, pero a mis 64 años soy muy consciente de que soy humano. En mi caso es solo un nickname. Y, como ya sabes, un nickname no reescribe tu naturaleza.

Los Therians, el Griego y lo que Juan Realmente vio
Lo que más me apasiona de estos hechos actuales es su contraste con ciertos episodios de las Escrituras Sagradas. Por ejemplo, en Apocalipsis 13:1, Juan describe una bestia —thērion— que emerge del mar. Aquí es necesario recordar que en la literatura apocalíptica judía, el «mar» simboliza naciones, multitudes, caos político (Aune, 1998). De tal manera que no es metáfora poética sin referente: es un código. Y ese thērion no se siente bestia; actúa como tal. Oprime. Destruye. Pisotea.
Para los adventistas, este thērion es un poder histórico-político concreto, no una autopercepción. La diferencia con los therians modernos es fascinante y profunda: uno se percibe animal; el otro actúa como bestia sobre millones. Uno busca identidad; mientras que el otro ejerce dominio. Teofilacto de Ohrid, en su comentario al Nuevo Testamento del siglo XII, ya señalaba que las bestias del Apocalipsis representan sistemas que corrompen y devoran (Theophylact, Expositio in Evangelium, PG 123). La bestia de Juan no necesita sentirse lobo. Simplemente muerde.

Los Therians Modernos y el Peligro de confundir Percepción con Realidad
¿Es dañino identificarse como therian? Depende. Algunos investigadores sugieren que para ciertos jóvenes puede ser una forma de afrontar disociación o disforia (Gerbasi et al., 2008). Pero cuando la percepción reemplaza la realidad, entramos en terreno peligroso. La historia ofrece paralelos inquietantes: el movimiento gnóstico del siglo II también prometía acceso a una identidad «verdadera» y oculta, superior a la carne común. Ireneo de Lyon los confrontó precisamente por eso (Ireneo, Adversus Haereses, Libro I).
El peligro no es el zorro, el lobo ni el cuervo. Claro que no, el peligro es la desconexión de la realidad encarnada. Los therians modernos no hacen daño público —seamos justos con eso—, pero el thērion de Apocalipsis sí lo hace. Y aquí está la lección que me parece urgente: no es lo que sientes que eres lo que te define moralmente. Es lo que haces. Es el ejercicio del poder. Es el impacto sobre los demás.

¿Es Parte de Una Sintomatología?
Los therians de hoy son, en muchos sentidos, un síntoma de una época que ha perdido los anclajes de la identidad. Obviamente, no los condeno. Puedo decir que los entiendo. Pero el thērion bíblico me recuerda que la verdadera pregunta no es «¿qué animal soy?» sino «¿cómo ejerzo mi influencia sobre los demás?» Esa bestia del mar no necesitaba rugir para ser reconocida. Solo bastaba con mirar lo que dejaba a su paso.
- Aune, D. E. (1998). Revelation 6–16 (Word Biblical Commentary, Vol. 52B). Thomas Nelson.
- Erikson, E. H. (1968). Identity: Youth and Crisis. Norton.
- Gerbasi, K. C., Paolone, N., & Miller, J. (2008). Furries from A to Z (Anthropomorphism to Zoomorphism). Society & Animals, 16(3), 197–222.
- Ireneo de Lyon. Adversus Haereses, Libro I. (Edición moderna: Roberts, A., & Donaldson, J., eds., Ante-Nicene Fathers, Vol. 1).
- Theophylact of Ohrid. Expositio in Evangelium. Patrologia Graeca, Vol. 123 (Migne, J.-P., ed.).

