¿Cómo es que llegué a entender que la administración y liderazgo no son cuestión de superhéroes solitarios? Recuerdo la primera vez que me nombraron «líder» de algo. Fue en la secundaria, en el colegio José Granda, prácticamente terminé haciendo todo yo solo mientras mis compañeros jugaban. Un desastre total. Años después, encontré mi primer trabajo «serio» en una empresa que ya ni existe (¿cómo se llamaba? ¡Glass Service o algo así!). Un día, mi jefe Ramiro me dijo algo que nunca olvidé.
Estaba yo estresadísimo tratando de terminar solo un proyecto enorme, cuando se acercó y me dijo: «El peor líder no es el que falla, sino el que nunca aprende a delegar». Claro, en ese momento pensé «este tipo está loco, si delego esto será un desastre peor»… pero vaya, cuánta razón tenía el viejo Ramiro con sus camisas arrugadas y su sabiduría de oficina. Ahora entiendo que se trata de crear sinergias con personas normales y corrientes como tú y yo.
Liderazgo y Administración: ¿Dictador sonriente?

Tengo un amigo, que tiene un negocio de importaciones (o exportaciones… no lo recuerdo, la verdad). Bueno, él siempre presume de ser un «líder natural». Lo gracioso es que sus empleados le tienen apodo: «El Dictador Sonriente». Y creo que aquí radica una gran confusión y es que muchos confunden liderar con mandar, ¿lo has notado? Pero, ya sabemos que la administración y liderazgo efectivos tienen más que ver con escuchar que con hablar. Un colega de la Facultad de Ciencias Empresariales, (que siempre llevaba corbatas estrambóticas), acostumbraba a citar a Daniel Goleman diciendo que como el 80% del éxito en liderazgo viene de la inteligencia emocional (Goleman, 1998, «La práctica de la inteligencia emocional»). O sea que no importa cuánto sepas de hojas de cálculo o planificación estratégica si tienes la empatía de una piedra. Recuerdo cuando intenté aplicar esto con un equipo en un proyecto de Periódico Digital (ese proyecto que parecía complicado por la presión del tiempo… les pregunté cómo se sentían antes de exigirles resultados y, ¡sorpresa!, terminamos entregando dos días antes porque todos se sintieron valorados. Aunque puede ser que también ayudó que les prometí un pollo a la brasa, tampoco nos engañemos.
Los errores que nadie admite

¡Oh, caramba! Si les contara todos los errores que he cometido dirigiendo algunos equipos. Mi esposa me ha sugerido reiteradas veces que escriba un libro sobre «Cómo NO liderar». He visto y también tengo experiencias personales sobre ese tema. La peor experiencia (no la única) fue cuando asumí que mi equipo entendía perfectamente lo que quería, sin haberlo explicado bien. ¡Error mi querido, Watson! La administración y liderazgo reales están llenos de momentos incómodos y decisiones tomadas con información incompleta. Como dice esa añeja sentencia: «El que no se equivoca es porque no hace nada». Hay un estudio de la Universidad de Harvard (¿era de Harvard… o Stanford…, bueno, una de esas prestigiosas) que dice que los líderes más respetados son los que admiten sus errores abiertamente (Edmondson, 2018, algo sobre «La organización sin miedo»). Tuve un jefe que era experto en esto. Lo observé cuando un proyecto se fue al tacho por su culpa, y en vez de buscar culpables, reunió a todo el equipo y dijo: «Me equivoqué y esto es lo que aprendí». Todos salimos de esa reunión dispuestos a seguirlo hasta el fin del mundo. Aunque luego la empresa lo despidió tres meses después, ironías de la vida corporativa…
Los tiempos de crisis: el futuro incierto

Puesto que asesoro empresas en temas de comunicación, uno de esos líderes empresariales, me dijo: «En la tormenta se conoce al buen capitán». Y es que… ¿en serio hay algo que ponga más a prueba a un líder que una crisis? La administración y liderazgo muestran su verdadero valor cuando todo se está hundiendo. La pandemia puso eso de manifiesto. Cuántas empresas y emprendedores transformaron un posible desastre en una oportunidad. Mientras otras empresas se paralizaban, hubo muchos líderes que se reunían por Zoom con su personal (mientras su gato se paseaba por delante de la cámara) y lanzaban el desafío: «No sé exactamente cómo saldremos de esta, pero lo haremos juntos». Según un informe de McKinsey (Uno de esos gigantes de consultoría) los líderes que muestran vulnerabilidad y optimismo realista aumentan la productividad en tiempos difíciles (McKinsey, 2020, «Liderazgo en tiempos de crisis»). Muchos administradores y líderes no tenían todas las respuestas, nadie las tenía, pero su transparencia creó un ambiente donde todos nos sentimos parte de la solución. Aunque también ayudó que la empresa no tuvo que despedir a nadie, seamos honestos.
Administración y liderazgo: Lo que cantaba Julio Iglesias

El estribillo de aquella canción popular interpretada por el español Julio Iglesias, decía «tropecé otra vez con la misma piedra». Tengo la impresión de que muchos (entre los que me incluyo) después de tropezar mil veces con las mismas piedras, hemos aprendido a liderar. No obstante, aún no somos perfectos en la materia, ni tenemos todas las respuestas. Un mentor que sigo en las redes sociales dice que: «Un buen líder no es el que crea seguidores, sino el que crea más líderes». Y vaya que tiene razón este influencer. Los libros de administración nos dan teorías y modelos, pero la vida real es mucho más caótica y humana. A veces tenemos necesidad de entrar al baño de la oficina, pero para gritar. Otras veces queremos celebrar pequeñas victorias como si hubiéramos ganado la Champions. Lo importante, me parece, es no perder de vista que trabajamos con personas, no con máquinas. Y eso, amigos y amigas, es algo que ningún algoritmo ni inteligencia artificial podrá reemplazar… al menos así espero que piensen mis administradores y líderes, porque si no, estamos todos en problemas, ¿verdad?
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