Antes de ganarme enemigas gratuitas, quiero aclarar que tengo una esposa e hija a quienes amo profundamente. Dicho esto, permítanme contarles la siguiente historia. Era 1943. Nadia tenía veintitrés años y llevaba dos disparando desde las alturas con una precisión que hacía temblar a los comandantes alemanes en el frente del Este. No era un personaje de novela: era una de las 2.000 francotiradoras reales del Ejército Rojo soviético. Mujeres que nadie envió al frente para «demostrar algo». Las enviaron porque la URSS necesitaba ganar una guerra. Hoy, con el mundo en vilo ante posibles conflictos globales (WW3), resurge una pregunta que algunos lanzan como provocación y otros como trampa: «Si buscas empoderamiento femenino, ¿aceptarías que las mujeres vayan al frente de una hipotética Tercera Guerra Mundial?». La pregunta suena desafiante. Y lo es. Pero también revela un malentendido profundo sobre qué significa realmente el empoderamiento femenino. Vamos por partes, porque esto tiene más capas de las que parece.

Empoderamiento femenino y la obligación bélica: ¿es una falacia?
Existe un argumento que se ha popularizado mucho y que reza así: «Mujer, si quieres igualdad, acepta también ir a pelear a la guerra». En otras palabras, si buscas igualdad ¿por qué solo los hombres tienen que ir obligatoriamente a la guerra? Bueno, aquí hay un error lógico clásico: equipara igualdad de derechos con igualdad de cargas impuestas por el Estado. No funcionan igual. La igualdad que reivindica el feminismo no es una simetría ciega, sino la eliminación de las barreras que impiden a las mujeres decidir sobre sus propias vidas (Nussbaum, 2000). Nadie —hombre ni mujer— debería ser enviado a morir por obligación si el objetivo real es una sociedad más justa.
Además, leamos bien la historia, la guerra ha sido el espacio donde el patriarcado más ha pisoteado y denigrado a la mujer. En la Segunda Guerra Mundial, el Imperio japonés forzó a entre 200.000 y 400.000 mujeres asiáticas —las llamadas comfort women— a la esclavitud sexual para «mantener la moral» de sus tropas (Yoshimi, 1995). En los Balcanes de los años 90 entre 20.000 y 50.000 mujeres fueron víctimas de violación sistemática (Stiglmayer, 1994). Así que afirmar que la guerra nos sirva para «testear» el empoderamiento femenino es muy retorcido ¡oiga usted!. Las mujeres afganas, sirias o ucranianas que hoy huyen de conflictos armados no huyen porque no sean valientes. Huyen porque en esos conflictos sus vidas son destruidas por violación sexual, pérdida de derechos y persecuciones que las obligan a buscar refugio (Enloe, 2000).

Estrategas y Líderes: el empoderamiento femenino que sí cambia guerras
Dicen que dato mata relato, por tanto, aquí les suelto la siguiente información. Estudios sobre liderazgo militar y resolución de conflictos muestran que la inclusión de mujeres en posiciones de mando mejora la toma de decisiones estratégicas y reduce las tasas de violencia contra civiles (Zeigler & Gunderson, 2005). No es sentimentalismo: es evidencia. Las unidades mixtas con liderazgo femenino presentan mayor cohesión y menor incidencia de conductas de riesgo no estratégico.
Y si hablamos de una hipotética WW3 en el siglo XXI, es bueno recordar que el campo de batalla ya no es solo físico. Es cibernético, diplomático, informacional. y, Justamente, en esos espacios, es que el empoderamiento femenino ya opera con fuerza. Líderes como Jacinda Ardern o Christine Lagarde demostraron que la gestión de crisis globales —económicas, sanitarias, geopolíticas— cambia cuando las mujeres lideran (Eagly & Carli, 2007). No porque sean «más sensibles», sino porque integran variables que el liderazgo masculino tradicional tiende a ignorar. No estaría demás aquí recordar a la famosa reina Ester que nos habla la biblia, ejemplo de liderazgo y estrategia.

Lo que la historia dice del empoderamiento femenino
Las mujeres no necesitan que nadie las invite al conflicto. Ya estuvieron ahí. Las kurdas del YPJ combatieron al Estado Islámico en primera línea en Siria. Las partisanas yugoslavas de la Segunda Guerra Mundial representaron el 12% de los combatientes activos (Jancar-Webster, 1990). Las guerrilleras del FMLN en El Salvador negociaron después los acuerdos de paz. No como concesión: como protagonistas. En mi opinión (en este caso tremendamente objetiva), el punto más poderoso es que: la Resolución 1325 del Consejo de Seguridad de la ONU (2000) reconoció formalmente que la participación de las mujeres en los procesos de paz no es un lujo, sino una condición para que esa paz sea duradera. Los acuerdos de paz que incluyen perspectiva de género tienen un 35% más de probabilidad de sostenerse al menos quince años (O’Reilly et al., 2015) ¡Amigos, esto no lo logra ningún ejército de hombres solamente!

¿Qué haremos con ellas?
Pues, volvamos a la pregunta inicial. ¿El empoderamiento femenino implica aceptar ser enviadas al frente de batalla? La respuesta honesta es: las mujeres ya fueron al frente, muchas veces sin que nadie se lo pidiera. Y cuando lideraron los procesos que siguieron a esos frentes, el mundo salió mejor parado. La pregunta provocativa que algunos se hacen es una trampa retórica. La realidad histórica y académica es mucho más interesante, como lo hemos señalado en este post. Y ya que estamos muy próximos a celebrar el Día Internacional de la Mujer, vaya nuestro abrazo, reconocimiento y deseo de que cada vez sean más empoderadas, de acuerdo a la cosmovisión cristiana y bíblica.
Preguntas frecuentes (FAQ)
¿El empoderamiento femenino significa que las mujeres deben de ir a la guerra?
No. El empoderamiento femenino busca eliminar barreras para que las mujeres decidan sobre sus propias vidas. Equipararlo con la obligación bélica es una falacia que confunde igualdad de derechos con imposición de cargas.
¿Han participado mujeres en conflictos armados a lo largo de la historia?
Sí. Desde las francotiradoras soviéticas en la Segunda Guerra Mundial hasta las combatientes kurdas del YPJ en Siria, las mujeres han tenido presencia activa en múltiples conflictos armados del siglo XX y XXI.
¿Por qué la participación femenina es clave para la paz duradera?
Según O’Reilly et al. (2015), los acuerdos de paz con participación activa de mujeres tienen un 35% más de probabilidad de mantenerse más de quince años. La ONU lo reconoció formalmente en su Resolución 1325 del año 2000.
Referencias bibliográficas
- Eagly, A. H., & Carli, L. L. (2007). Through the Labyrinth: The Truth About How Women Become Leaders. Harvard Business Review Press.
- Enloe, C. (2000). Maneuvers: The International Politics of Militarizing Women’s Lives. University of California Press.
- Jancar-Webster, B. (1990). Women & Revolution in Yugoslavia 1941–1945. Arden Press.
- Nussbaum, M. C. (2000). Women and Human Development: The Capabilities Approach. Cambridge University Press.
- O’Reilly, M., Ó Súilleabháin, A., & Paffenholz, T. (2015). Reimagining Peacemaking: Women’s Roles in Peace Processes. International Peace Institute.
- ONU. (2000). Resolución 1325 del Consejo de Seguridad. Naciones Unidas.
- Zeigler, S. L., & Gunderson, G. G. (2005). Moving Beyond G.I. Jane: Women and the U.S. Military. University Press of America.

