agosto 29, 2026
discurso de odio

Discurso de odio: a veces no grita, pero destruye

Ingresé a trabajar en el mundo de la radio en la década de los 90, una época convulsionada, en la ciudad de Lima. Pero en 1994 algo ocurrió en la radio a miles de kilómetros de esta capital. Las radios de Ruanda no transmitieron bombas —transmitieron palabras. Durante semanas, locutores llamaron a los tutsis «cucarachas» y «serpientes» antes de que comenzara el genocidio. No se levantó primero el machete, no: primero lo hizo el lenguaje. El lingüista Gregory Stanton, quien estudió el genocidio ruandés, identificó que la deshumanización verbal es siempre el paso previo a la violencia física. El discurso de odio no nació en Ruanda ni muere en los titulares de los grandes medios. Vive en el comentario diario, en el apodo que circula en el chat familiar, en el chiste que «era solo una broma» y en el meme que se comparte sin pensar. Hoy, Día Internacional para Contrarrestar el Discurso de Odio, vale la pena mirarlo de frente.

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Como el discurso de odio opera en la vida cotidiana

El discurso de odio más peligroso no es el que escuchamos en la Plaza San Martín. Me parece que el más peligroso es el que se susurra en los espacios privados donde nadie se siente obligado a cuestionarlo. El psicólogo Gordon Allport documentó en The Nature of Prejudice (1954) que el odio sigue una escala progresiva: comienza con el habla despectiva, avanza hacia la evitación, luego la discriminación, luego la violencia física y finalmente la exterminación. Cada etapa alimenta la siguiente. Un apodo étnico repetido en casa normaliza la deshumanización en los hijos. Un estereotipo reído en la oficina crea el clima que hace posible la exclusión laboral. Para el discurso de odio cotidiano no hacen falta ideólogos ni plataformas —basta con la inercia de no pensar antes de hablar.

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¿A quiénes suele atacar el discurso de odio en el Perú?

El Perú tiene una geografía del odio tan antigua como su historia colonial. El informe del Ministerio de Cultura (2018) sobre percepciones y actitudes hacia grupos étnicos documentó que el 53 % de peruanos reconoce haber sido discriminado alguna vez. Los blancos del discurso de odio más documentados son: las personas indígenas y afroperuanas —atacadas por origen étnico con términos que circulan con total impunidad en redes—; los migrantes venezolanos, que desde 2017 enfrentan una ola de xenofobia que la Defensoría del Pueblo ha calificado de sistemática; las personas con discapacidad; y las comunidades del interior del país, despectivamente llamadas «serranos», «indios» en un uso que normaliza el desprecio geográfico como si fuera humor inocente. Cada uno de esos grupos carga con una dignidad que el lenguaje puede herir antes de que llegue cualquier ley a protegerla.

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La muerte y la vida están en poder de la lengua

Proverbios 18:21

Discurso de odio: del logos destructor al logos restaurador

Una de las tantas cosas que posee el cristianismo y que me mantiene atrapado es su teología del lenguaje. Para mí, en ese y otros campos, ninguna otra tradición la supera en profundidad. Juan 1:1 comienza con una declaración ontológica radical: «En el principio era el Verbo». Si Dios mismo se revela como Palabra, entonces el lenguaje no es neutral —es portador de vida o de muerte, de imagen divina honrada o pisoteada. Santiago 3:9-10 lo aplica con una precisión que incomoda: «Con la lengua bendecimos al Señor Padre, y con ella maldecimos a los hombres, que están hechos a la semejanza de Dios. De una misma boca proceden bendición y maldición». Para combatir el discurso de odio desde la fe, el cristiano tiene tres responsabilidades concretas: no reproducir ni reír el lenguaje deshumanizador aunque «sea una broma»; nombrar el daño cuando lo ve, sin esperar que otro lo haga; y practicar el discurso que afirma la imagen de Dios en cada persona, comenzando por las más despreciadas.

Desde los medios de comunicación se puede matar

Las radios de Ruanda demostraron que el lenguaje puede matar. Pero también demuestran que puede sanar: después del genocidio, el mismo medio que sembró odio se convirtió en herramienta de reconciliación comunitaria. El discurso de odio no se combate solo con leyes —se combate con personas que deciden hablar de otra manera, que se niegan a reír el chiste que deshumaniza y que eligen, palabra a palabra, construir en lugar de destruir. En el Perú fracturado de hoy, esa decisión no es pequeña. Es, quizás, el acto político más concreto y más urgente que cualquier ciudadano puede tomar hoy mismo.

Preguntas frecuentes (FAQ)

¿Qué es el discurso de odio y cuándo se vuelve peligroso?

Es cualquier forma de expresión que promueve la hostilidad, discriminación o violencia contra personas por su origen étnico, religión, género, discapacidad u otras características. Según Allport (1954), sigue una escala progresiva: el habla despectiva normaliza la exclusión, que a su vez abre el camino a la violencia. Se vuelve peligroso desde su primera etapa, no solo cuando llega a la violencia física.

¿Existe discurso de odio en el Perú y contra quiénes se dirige?

Sí. El informe del Ministerio de Cultura (2018) documentó que el 53 % de peruanos ha experimentado discriminación. Los grupos más afectados son las comunidades indígenas y afroperuanas, los migrantes venezolanos, las personas con discapacidad y las poblaciones del interior del país, frecuentemente blanco de discriminación étnica y geográfica normalizada en el lenguaje cotidiano.

¿Un chiste o meme puede considerarse discurso de odio?

Sí, cuando refuerza estereotipos que deshumanizan a grupos específicos, aunque esté envuelto en humor. La ONU advierte que el discurso de odio no requiere intención explícita de daño para producirlo. El efecto normalizador del lenguaje despectivo —aunque sea «en broma»— alimenta el clima cultural que hace posible la discriminación y la exclusión.

¿Cómo puede un cristiano contrarrestar el discurso de odio en su entorno?

No reproduciendo ni riendo el lenguaje deshumanizador; nombrando el daño cuando lo observa, incluso en espacios privados; y practicando un lenguaje que afirme la dignidad de toda persona como portadora de la imagen de Dios. Santiago 3:9-10 llama a la coherencia: no se puede bendecir a Dios y maldecir a quienes llevan su imagen.

Bibliografía

  • Allport, G. W. (1954). The nature of prejudice. Addison-Wesley.
  • Ministerio de Cultura del Perú. (2018). Percepciones y actitudes sobre diversidad cultural y discriminación étnico-racial. Ministerio de Cultura. https://www.cultura.gob.pe
  • Naciones Unidas. (2019). Estrategia y plan de acción de las Naciones Unidas para la lucha contra el discurso de odio. ONU. https://www.un.org/es/hate-speech
  • Stanton, G. H. (1998). The eight stages of genocide. Genocide Watch. https://www.genocidewatch.com
  • Waldron, J. (2012). The harm in hate speech. Harvard University Press.

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