Daniel Ellsberg abrió el maletín y miró los documentos secretos por última vez antes de entregarlos al New York Times en 1971. Sus manos temblaban. Sabía que esos papeles del Pentágono revelarían las mentiras del gobierno sobre la guerra de Vietnam, pero también sabía que podría terminar en prisión. Cuando los periódicos finalmente publicaron la historia, millones de ciudadanos descubrieron que sus líderes les habían mentido durante años. Esa filtración cambió el curso de la guerra y demostró algo fundamental: sin periodismo valiente, la democracia se convierte en una palabra hueca. La prensa libre actúa como ese vigilante incómodo que nadie invitó a la fiesta pero que todos necesitamos. Pero, ojo con el tipo de periodismo al cual nos estamos refiriendo. Toma nota.

El Periodismo Como Guardián de la Democracia
Los periodistas (los auténticos) investigan, cuestionan y exponen lo que los poderosos prefieren ocultar. Cuando Bob Woodward y Carl Bernstein destaparon Watergate en 1972, no solo tumbaron a un presidente—fortalecieron la democracia al mostrar que nadie está por encima de la ley (Schudson, 2018). Piensa en el rol de transparencia que le compete a cada comunicador o periodista en estas próximas elecciones en Perú, por ejemplo. La comunicación transparente permite que los ciudadanos tomen decisiones informadas en las urnas. Sin acceso a información verificada, votaremos a ciegas. Los medios serios funcionan como un puente entre el poder y la gente, traduciendo políticas complejas en contenido que todos podemos entender y debatir. Una noble (pero muchas veces olvidada) tarea, sin duda.

Cuando el Periodismo traiciona la Democracia
Yo, que soy periodista desde el siglo XX, puedo decirles con muchas evidencias que no todo es color de rosa. La mala praxis periodística hace tanto daño como la censura directa. Durante el genocidio de Ruanda en 1994, la radio Radio Télévision Libre des Mille Collines incitó activamente al asesinato masivo, mostrando cómo los medios pueden destruir la democracia y la convivencia (Thompson, 2007) ¡Imagínense esa perversión del oficio periodístico! Más recientemente, la propagación de noticias falsas (fake news) y el periodismo amarillista erosionan la confianza pública. Cuando los medios priorizan clics sobre verdad o se venden al mejor postor, desinforman en lugar de informar. La verdad ya no importa, porque lo que genera ingresos son los clics. Creo—y puede sonar duro—pero, para mí un periodista corrupto daña más la democracia que un político corrupto, porque destruye nuestra capacidad de detectar la corrupción.

La Era Digital: Desafíos y Oportunidades Para la Democracia
Es verdad que las redes sociales democratizaron la comunicación. Pero también tenemos que aceptar que crearon cámaras de eco donde solo escuchamos lo que queremos oír (Sunstein, 2017). Lo peligroso es que cualquiera puede ser «periodista» ahora, lo cual tiene su lado bueno y su lado… complicado. En estos momentos, por lo que estamos viviendo, vemos que la democracia necesita que distingamos entre información verificada y rumores virales. Los medios tradicionales enfrentan crisis económicas que los hacen vulnerables, mientras algoritmos deciden qué información consumimos. Lo bueno es que surgen iniciativas de periodismo colaborativo y verificación de datos que fortalecen los sistemas democráticos de formas innovadoras. No obstante, lo malo es que esas iniciativas o sitios no son muy buscados.

¡Qué Matrimonio!
La relación entre periodismo y democracia siempre ha sido tensa pero necesaria. Un buen periodismo incomoda, cuestiona y mantiene el poder bajo vigilancia constante. El mal periodismo manipula, divide y debilita las instituciones democráticas desde adentro. Como ciudadanos, tenemos la responsabilidad de exigir mejor periodismo y de consumir información críticamente. Porque al final, una democracia solo es tan fuerte como la calidad de su conversación pública. Cuando recordamos a Kapucinski con su famosa frase «para ser buen periodista hace falta ser buena persona» tenemos que agregar que para ser buena persona hay que tener principios éticos bien definidos. Y eso, hasta donde yo sé, solo te lo puede garantizar la UPeU a través de la carrera profesional de Comunicación y Periodismo. Pide información hoy mismo AQUÍ.
- Schudson, M. (2018). Why democracies need an unlovable press. Polity Press.
- Sunstein, C. R. (2017). #Republic: Divided democracy in the age of social media. Princeton University Press.
- Thompson, A. (2007). The media and the Rwanda genocide. Pluto Press.

