En 2022, Estee Williams publicó en TikTok un video en el que preparaba el desayuno para su esposo. Mientras lo hacía, con su mandil impecable, comunicaba su decisión de dejar su carrera profesional para dedicarse exclusivamente al hogar. El video tuvo millones de visualizaciones. Ella no se presentó como víctima ni como anticuada —se presentó como libre. Esa es la paradoja central del fenómeno tradwives: mujeres que eligen (para fastidio de muchos) públicamente y con orgullo asumir el rol doméstico. Causa escozor porque lo hacen en una época que celebra exactamente lo contrario. El debate que se desata, me parece, no es sobre nostalgia ni sobre feminismo. Aquí hay algo más profundo: ¿Qué significa la libertad femenina?, ¿Quién define el valor del trabajo en el hogar? y ¿Qué tipo de familia quiere construir una sociedad que tengo la impresión de que no sabe bien qué quiere ser?

El fenómeno tradwives: qué es y de dónde viene
El movimiento tradwives nació en el mundo anglosajón. Como reacción cultural al feminismo de tercera ola —no necesariamente como rechazo de la igualdad. Más bien busca reivindicar al ama de casa como opción legítima y no inferior. La socióloga Kristen Ghodsee documentó la presión sobre la mujer para «tenerlo todo». Es decir, que tenga carrera, maternidad, pareja y apariencia. Obviamente esto ha generado en muchas un agotamiento que el discurso feminista ignoró. En el Perú, por lo que vemos, el fenómeno aterriza en un terreno culturalmente ambivalente. Por un lado, una sociedad con fuertes raíces patriarcales donde el rol doméstico femenino nunca dejó de ser mayoritario. De otro lado, una generación joven de mujeres universitarias con expectativas profesionales reales. Creemos que el tradwives peruano no será una importación directa —será una negociación entre esas dos tensiones.

Las repercusiones del fenómeno tradwives en el hogar y la política
En el hogar, el fenómeno tradwives plantea preguntas que no tienen respuesta simple. Cuando una mujer elige libremente y con información plena dedicarse al hogar, esa elección merece respeto irrestricto ¿No te parece? Ahora, esa libertad incluye elegir roles que el mercado no remunera. El problema aparece cuando esa «elección» la convierte, en la práctica, en una mujer poco libre. Porque ahora estará bajo presión económica, cultural o relacional. La investigadora Arlie Hochschild documentó en The Second Shift (1989) que las mujeres que trabajan fuera del hogar realizan además una «segunda jornada» doméstica no reconocida. Frente a eso la propuesta tradwife resulta atractiva no por nostalgia sino por agotamiento real. En la política, el movimiento generados posiciones: sectores conservadores lo usan para justificar recortes en políticas de igualdad, mientras sectores progresistas lo descalifican en bloque sin escuchar a las mujeres que lo abrazan genuinamente. Ambos cometen el mismo error: reducir una decisión personal compleja a bandera ideológica.

Una mirada conciliadora al fenómeno tradwives
Con la posibilidad de estar equivocado, pues no soy teólogo, creo que la óptica cristiana nos dice algo que ningún bando del debate cultural quiere escuchar. Pienso que ni el trabajo doméstico es inferior a cualquier otro, ni la mujer está definida exclusivamente por él. Proverbios 31 —es el pasaje más citado en este debate— describe a una mujer que administra el hogar, negocia propiedades, produce y vende bienes, cuida a los pobres y dirige empleados. No es una tradwife en el sentido de moda del término. Yo veo a una gestora integral cuya vocación no cabe en ninguna etiqueta contemporánea. La teóloga Kathy Keller argumentó en Jesus, Justice and Gender Roles (2012) que la cosmovisión bíblica libera a la mujer de la tiranía de ambos extremos. Nos dice que la mujer no debe demostrar su valor compitiendo en el mercado laboral ni debe confinarse al hogar para ser considerada virtuosa. El hogar puede ser vocación genuina —siempre que sea elección real, una decisión personal ejercida con dignidad. Y que, además es, reconocida con gratitud y sostenida por un matrimonio donde ambos se sirven mutuamente.

No es un problema, es un síntoma
Estee Williams, en su video de TikTok eligió ponerse el mandil. Millones de mujeres peruanas eligen cada día la doble jornada, trabajan en el hogar y fuera de él, sin que nadie las llame heroínas. Y otras millones no eligen, sino que no tienen opción alguna.Trabajan fuera porque no les alcanza, y trabajan dentro porque nadie más lo hace. El fenómeno tradwives no es la solución ni el problema —es el síntoma de una sociedad que todavía no ha aprendido a valorar el trabajo doméstico como lo que es: trabajo. La mirada cristiana ofrece el único marco que honra genuinamente ambas opciones: una teología del hogar que eleva la vocación doméstica sin imponerla. Y también, una teología de la vocación que celebra el trabajo profesional femenino sin exigirlo. Lo que el mundo necesita no es que más mujeres elijan el mandil ni que más mujeres lo rechacen —necesita que esa elección sea realmente libre. Y eso exige hombres distintos, instituciones distintas e, incluso, una iglesia dispuesta a predicar con hechos lo que proclama con palabras.
Preguntas frecuentes (FAQ)
¿Qué son las tradwives y cuándo surgió este fenómeno?
Son mujeres que eligen pública y voluntariamente el rol doméstico tradicional —ama de casa, esposa y madre— como vocación principal, en contraste con las expectativas profesionales contemporáneas. El fenómeno emergió en redes sociales anglosajona alrededor de 2018-2020 como reacción cultural al agotamiento generado por la presión de «tenerlo todo», y se viralizó globalmente entre 2022 y 2024.
¿El movimiento tradwives llegará a tener impacto en el Perú?
Ya está llegando, aunque mediado por el contexto local. En el Perú, donde el trabajo doméstico femenino nunca dejó de ser mayoritario —muchas veces sin elección real—, el fenómeno tradwife tendrá una recepción ambivalente: acogida en sectores conservadores y religiosos tradicionales, rechazo en generaciones jóvenes universitarias con expectativas profesionales, y confusión en el espacio intermedio donde vive la mayoría.
¿Es compatible el fenómeno tradwives con los valores cristianos?
En algunos aspectos. La vocación doméstica es legítima y honrosa desde la cosmovisión bíblica —Proverbios 31 la describe con dignidad. Pero el movimiento tradwife en su versión viral a veces idealiza una sumisión que el Nuevo Testamento describe como mutua —Efesios 5:21— y no unilateral. La perspectiva cristiana honra el hogar como vocación sin imponerlo como única opción legítima para la mujer.
¿Cómo puede una sociedad valorar mejor el trabajo doméstico?
Reconociéndolo económicamente —mediante sistemas de seguridad social para amas de casa, propuestas ya implementadas en varios países europeos—; distribuyéndolo equitativamente entre hombres y mujeres —Hochschild (1989) documentó que la desigualdad en la segunda jornada es el principal factor de agotamiento femenino—; y cambiando la narrativa cultural que equipara valor personal con productividad remunerada.
Bibliografía
- Ghodsee, K. R. (2018). Why women have better sex under socialism. Bold Type Books.
- Hochschild, A. R. (1989). The second shift: Working families and the revolution at home. Viking.
- Keller, K., & Keller, T. (2012). The meaning of marriage: Facing the complexities of commitment with the wisdom of God. Dutton.
- Wolf, N. (1991). The beauty myth: How images of beauty are used against women. William Morrow.

