agosto 29, 2026

La cultura de la cancelación: el problema del ostracismo digital

Actualmente los ánimos están caldeados en el Perú. Tanto que a veces por alguna publicación que he realizado han tratado de cancelarme. Obviamente esto me tiene sin cuidado ya que es en mi muro donde puedo expresar lo que pienso con total libertad. No obstante, la cancelación no es un fenómeno nuevo. En 1692, en Salem, Massachusetts, bastaba con que un vecino te señalara para que la comunidad entera te condenara. No había apelación, no había proceso justo, no había segunda oportunidad. Veinte personas murieron en esos juicios. Trescientos años después, el mecanismo es sorprendentemente parecido —solo que ahora el tribunal cabe en la palma de la mano y el veredicto llega en minutos. La cultura de la cancelación no inventó el ostracismo social: lo digitalizó, lo aceleró y lo globalizó. Y eso, para quien sigue a un Jesús que escribió en la arena (y que a muchos no les gustó tal mensaje escrito), exige una reflexión más profunda que un simple retuit de indignación.

La cultura de la cancelación

¿Qué es la cultura de la cancelación?

El término nació en comunidades afroamericanas de Twitter alrededor de 2015. Surgió como herramienta de accountability (rendición de cuentas) para quienes abusaban del poder con impunidad. La investigadora Cancel Loretta Ross —profesora del Smith College— distingue entre «calling out» cancelar con humillación pública, y «calling in» —confrontar con intención restauradora. Para la socióloga Ligaya Mishan, la cultura de la cancelación refleja una crisis más profunda: la ausencia de instituciones confiables que impartan justicia obliga a los ciudadanos a construir tribunales informales en las redes. El problema no es que la gente quiera justicia —el problema es el instrumento que eligió para buscarla.

La cultura de la cancelación

El problema ético de la cultura de la cancelación

Creo que antes de escribir algo contundente en las redes debiéramos leer a Jon Ronson. Él es autor del libro So You’ve Been Publicly Shamed (2015) en el cual se documenta algo que ningún activista digital quiere escuchar: las personas canceladas sufren daños psicológicos severos y duraderos. Ojo, inclusive, cuando su error original haya sido real y significativo. La psicóloga social Pamela Paresky advirtió que la cultura de la cancelación opera con una lógica de suma cero —alguien cae, alguien gana— que destruye la posibilidad de arrepentimiento genuino y restauración. Yo encuentro esto profundamente incompatible con el Evangelio: un sistema que no deja espacio para el cambio no es justicia —es venganza con mejor marketing. Y la diferencia entre ambas importa enormemente.

La cultura de la cancelación

La respuesta cristiana ante la cultura de la cancelación

Los cristianos tenemos un problema: la tensión bíblica entre justicia y misericordia no es un problema a resolver —es una danza a sostener. Hay un texto en la Biblia que me parece que lo articula con precisión admirable: «hacer justicia, amar misericordia y humillarte ante tu Dios». Fíjate que no dice elegir entre justicia y misericordia —dice practicar ambas simultáneamente ¡Wow! El teólogo Timothy Keller desarrolló en Generous Justice (2010) que la justicia bíblica siempre incluye la posibilidad de restauración del infractor —no solo la vindicación de la víctima. Para inmiscuirnos en la cultura de la cancelación con integridad cristiana, necesitamos hacer tres preguntas antes de compartir cualquier condena pública: ¿tengo toda la información?, ¿existe proporcionalidad entre el error y la consecuencia?, y ¿dejo espacio para que esta persona cambie?

Todos ellos creían que hacían justica

Los jueces de Salem creyeron que hacían justicia. La multitud que rodeó a la mujer adúltera en Juan 8 también. Jesús no negó que ella había errado —escribió en la tierra y preguntó quién estaba libre de pecado. Esa pausa, ese gesto, ese espacio para pensar antes de actuar es exactamente lo que la cultura de la cancelación elimina. El cristiano no está llamado a defender lo indefendible ni a ignorar el daño real —está llamado a exigir justicia con la misma mano con que ofrece gracia. Esa combinación es más difícil que lanzar una piedra digital. Y por eso mismo, es más valiosa.

Preguntas frecuentes (FAQ)

¿Qué es la cultura de la cancelación y cómo funciona?

Es un fenómeno social digital en el que una persona —generalmente pública— recibe un rechazo masivo y organizado en redes sociales tras una conducta considerada inaceptable. Funciona mediante la amplificación viral de la condena, sin proceso formal ni posibilidad habitual de defensa o apelación.

¿Tiene efectos psicológicos reales la cancelación pública?

Sí. Jon Ronson documentó en So You’ve Been Publicly Shamed (2015) que las personas canceladas experimentan ansiedad severa, depresión, pérdida de empleo y aislamiento social duradero, incluso cuando el error que desencadenó la cancelación fue real. El daño frecuentemente supera la proporcionalidad del error original.

¿Es compatible la cultura de la cancelación con los valores cristianos?

En su forma más extrema, no. El Evangelio sostiene la tensión entre justicia y misericordia —Miqueas 6:8— y siempre incluye la posibilidad de arrepentimiento y restauración. Un sistema que condena sin proceso, sin proporcionalidad y sin espacio para el cambio contradice el modelo de justicia bíblica.

¿Cómo debe responder un cristiano ante casos de cancelación en redes sociales?

Verificando la información antes de compartirla, evaluando la proporcionalidad entre el error y la consecuencia, y distinguiendo entre denunciar el daño —necesario— y participar en la humillación pública —que rara vez produce justicia real. La distinción de Loretta Ross entre «calling out» y «calling in» ofrece una guía práctica útil.

Bibliografía

  1. Keller, T. (2010). Generous justice: How God’s grace makes us just. Dutton.
  2. Mishan, L. (2020). The long and tortured history of cancel culture. The New York Times Style Magazine. https://www.nytimes.com/2020/12/03/t-magazine/cancel-culture-history.html
  3. Ronson, J. (2015). So you’ve been publicly shamed. Riverhead Books.
  4. Ross, L. J. (2019). Speaking up without tearing down. Learning for Justice, 61. https://www.learningforjustice.org/magazine/spring-2019/speaking-up-without-tearing-down
  5. Strossen, N. (2018). Hate: Why we should resist it with free speech, not censorship. Oxford University Press.

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