Mientras visitaba el consultorio de psiquiatría recordé que leí sobre Vincent van Gogh pintando «La noche estrellada» ello ocurrió cuando él estaba internado en un hospital psiquiátrico. Me animó recordar esta lectura de mis años juveniles ya que dicha obra terminó salvando a Vincent de la desesperación. Igual que él, millones buscan refugio en la música y artes visuales cuando la realidad se vuelve insoportable. Pero aquí viene lo irónico: mientras usamos el arte para escapar de algunas adicciones, caemos en otras tan sutiles que ni las notamos. Sí, hablo de esas compulsiones modernas que disfrazamos de «hábitos normales» y que están destruyendo nuestra salud mental sin que nos demos cuenta. Hablemos de ello…
Cuando la Música y Artes Visuales Viven en tu Pantalla

La nomofobia (miedo a estar sin el móvil) es quizás la adicción más normalizada de nuestra generación. Según Yildirim y Correia (2015), esta fobia genera niveles de ansiedad comparables a trastornos graves. Lo curioso es que consumimos música y artes visuales principalmente a través del mismo dispositivo que nos esclaviza. ¿Paradójico? Totalmente. Escuchamos playlists de Spotify para relajarnos mientras revisamos Instagram compulsivamente. Sin embargo, lo que debemos destacar es lo que sucede cuando experimentamos el arte sin la pantalla de por medio. Cuando eso ocurre, allí sí, el efecto terapéutico se multiplica exponencialmente y obtenemos gran bienestar emocional ¡Libérate de la pantalla!
¿Nos pueden Rescatar la Música y las Artes Visuales?

Aquí quiero hablarles del perfeccionismo digital. Hoy en día, con el auge de las redes sociales, hablar de perfeccionismo ya no es solo querer hacer las cosas bien. Ahora es una obligación editar tu vida de tal manera que lo que se muestre parezca un anuncio publicitario. El restaurant perfecto, la familia perfecta, la pareja perfecta, el atardecer perfecto. Todo en su lugar, todo posado y libre de imperfecciones. Es el mundo que hemos creado. Esta adicción es brutal porque nunca estás satisfecho contigo mismo (Stoeber & Otto, 2006). Sin embargo, la música y artes visuales, nos devuelven a la realidad. Nos ofrecen un espacio donde la imperfección tiene valor. El jazz nació de errores convertidos en innovación. En el terreno de la pintura las pinceladas «imperfectas»» del impresionismo revolucionaron el arte. Cuando creamos o simplemente nos sumergimos en experiencias artísticas auténticas, empezamos a valorar lo genuino sobre lo pulido. Esto es importante porque aprendemos a valorar lo auténtico, lo veraz.
El Poder Sanador de la Música y Artes Visuales

Actualmente (creo que coincidirás conmigo) existe una productividad tóxica. Creo firmemente que de alguna manera la productividad se convirtió en la religión del siglo XXI. Siempre haciendo algo, siempre «hustling» (palabreja de moda que significa ajetreo), como dicen los emprendedores. Esta adicción al hacer nos desconecta completamente de nuestras emociones (Petersen, 2019). Aquí es donde la música y artes visuales funcionan como medicina. Ellas no producen nada tangible, pero producen experiencias que tanta falta nos hacen. En Lima trabajé en una emisora de radio la cual tenía una programación de música clásica e instrumental contemporánea. El eslogan de esta emisora era «Una señal de tranquilidad para un mundo apresurado». Efectivamente eso era lo que ofrecíamos al oyente: salir de ese hustling tóxico. Contemplar una obra de arte o perderte en una sinfonía te obliga a simplemente SER, no a HACER. Y eso, valgan verdades, asusta a mucha gente hoy en día.
¿Estamos Frente a Una Nueva Normalidad?
Las adicciones invisibles nos consumen precisamente porque las normalizamos. No es normal vivir en medio de la premura, el apresuramiento, el caos. Para menguar ese frenesí la música y las artes visuales nos ofrecen algo revolucionario. Nos ofrecen espacios donde recuperamos nuestra humanidad sin presiones ni máscaras. No son la solución mágica, pero definitivamente abren puertas hacia el bienestar emocional real. Cuando una persona estudia de manera profesional la carrera de Música y Artes Visuales ocupa una posición de gran trascendencia. Su trabajo profesional redundará en un gran aporte a la sociedad proveyendo al ser humano de lo que más necesita en estos tiempos de prisa. Jhon Mark Comer decía que «La prisa no es del diablo, la prisa es el diablo».
- Petersen, A. H. (2019). Can’t Even: How Millennials Became the Burnout Generation. Houghton Mifflin Harcourt.
- Stoeber, J., & Otto, K. (2006). Positive conceptions of perfectionism: Approaches, evidence, challenges. Personality and Social Psychology Review, 10(4), 295-319.
- Yildirim, C., & Correia, A. P. (2015). Exploring the dimensions of nomophobia: Development and validation of a self-reported questionnaire. Computers in Human Behavior, 49, 130-137

