En mi lista utópica de viajes pendientes, que guardo celosamente en una gaveta, se encuentra Australia. Algún día me gustaría llegar allí y, específicamente, al Sydney Opera House. Para alguien como yo, que trabajó rudimentariamente en la construcción de su propia casa, sería un tiempo de éxtasis contemplar esa belleza arquitectónica. Claro, hoy todos sabemos que hace como 20 años, fue declarado como Patrimonio de la Humanidad. Lo que muchos ignoran es que al principio fue un desastre total. Nadie tenía idea de cómo construir esas curvas imposibles diseñadas por Jørn Utzon. Hoy, esta obra, es un ícono mundial. Porque el proceso de diseño en arquitectura no es lineal. Es más bien un caos hermoso donde la creatividad choca con la realidad y, con suerte, nace algo extraordinario.
Iniciando el proceso de diseño

El punto de partida de toda obra arquitectónica, nos dicen los expertos, es la fase de conceptualización. Y en esta etapa suceden muchas cosas inverosímiles ¿Conoces la historia de la canción «Contigo Perú?»? ¿Sabías que en el momento de materializar el concepto de la canción el autor escribió la letra en una servilleta? Pues eso no es extraño en el mundo de la arquitectura. En muchos casos el proceso de diseño empieza con garabatos en servilletas y termina en edificios de millones de dólares. Según Lawson (2005), los arquitectos experimentados trabajan con patrones mentales complejos que combinan función, forma y contexto simultáneamente. Es medio frustrante porque a veces las mejores ideas surgen cuando menos las esperas – en la ducha, caminando, o… bueno, hasta en reuniones aburridas.
Desarrollo técnico durante el proceso de diseño

Pienso que es en esta etapa en donde la magia se encuentra con la ingeniería. Los arquitectos deben traducir sus visiones poéticas en especificaciones técnicas que no colapsen, ¿te has fijado en eso? Alexander et al. (1977) desarrollaron el concepto de «lenguajes de patrones» para sistematizar esta transición de lo abstracto a lo concreto. El proceso de diseño se vuelve aquí súper detallado – desde cálculos estructurales hasta sistemas de ventilación. No puede ser de otra forma porque cada elemento de la edificación tiene que poseer el debido sustento técnico. Es como dirigir una orquesta de 100 músicos donde cada instrumento debe sonar perfecto individualmente y en conjunto.
Materialización final en el proceso de diseño

Y bueno, en esta descripción a vuelo de pájaro, diremos que esta es la parte donde todo puede salir espectacularmente mal o brillantemente bien. Mitchell (1990) explica cómo la construcción real siempre revela problemas que los planos no anticiparon. Eso implica que el proceso de diseño continúa incluso durante la construcción. Los arquitectos deben adaptar, improvisar y a veces reinventar soluciones sobre la marcha. Esto sería algo similar a lo que me ocurrió un día en que decidí hacerla de chef. La idea era cocinar una receta que había visto en Youtube. Compré y medí todos los ingredientes exactamente, pero no tuve en cuenta que mi horno era diferente al del video tutorial. Fui sorprendido y tuve que improvisar una salida. La realidad siempre tiene la última palabra.
Vemos que…
El proceso de diseño en arquitectura es una conversación constante entre sueños y limitaciones. Es una tensión que constantemente se da entre los planos y la realidad. Como Utzon con su Ópera de Sídney. Lo cierto es que esa construcción realmente fue un drama de 16 años que ejemplifica perfectamente cómo el proceso de diseño arquitectónico puede ser caótico pero brillante. Los mejores arquitectos abrazan la incertidumbre y encuentran belleza en la complejidad.
- Alexander, C., Ishikawa, S., & Silverstein, M. (1977). A pattern language: Towns, buildings, construction. Oxford University Press.
- Lawson, B. (2005). How designers think: The design process demystified. Routledge.

