Hablemos del comportamiento humano. Lucía tenía 34 años y una libreta donde había escrito propósitos de año nuevo que nunca cumplía. No porque fuera perezosa, sino porque algo más grande le fallaba por dentro: un vacío extraño. Un día cualquiera, mientras vaciaba su perfil de una app de citas —tercera en tres meses—, se preguntó en voz alta: ¿será que ya no sé querer a nadie? Nadie le respondió, claro. Pero la pregunta quedó flotando en la habitación como una acusación.
Lo que le pasaba a Lucía no era un problema personal. Era, diría el sociólogo polaco Zygmunt Bauman, un síntoma perfectamente predecible del comportamiento humano en la modernidad líquida: vínculos frágiles, compromisos descartables, emociones de usar y tirar (Bauman, 2005). Afectos que se tiran fácilmente a la papelera de reciclaje. Esto es profético, porque la metáfora bíblica ya advertía que «el amor de muchos se enfriará». Y cuando eso ocurre, estimado lector, algo esencial en nosotros empieza a morir.

El comportamiento humano: ¿qué perdimos en el camino?
Empecemos por lo que a nadie le gusta admitir: en el comportamiento humano contemporáneo existe una fractura profunda de carácter ético. No es que antes fuéramos perfectos —la historia desmiente esa fantasía con guerras, esclavitud y toda clase de horrores—, sino que hoy la indiferencia se ha normalizado de una manera que asusta. El filósofo y psiquiatra austríaco Viktor Frankl sobrevivió cuatro campos de concentración nazis. Perdió a su esposa, a sus padres, a su hermano. Y aun así concluyó que la motivación primaria del ser humano no es el placer ni el poder, sino encontrar sentido: un propósito que justifique la existencia (Frankl, 1946). Eso, en el siglo XXI, escasea.

La logoterapia que él fundó advierte que cuando el ser humano pierde ese sentido, no busca llenar el vacío con valores, sino con consumo, ruido y relaciones desechables. Vivimos, creo yo, en una época donde reina la superficialidad y la profundidad brilla por su ausencia. Hay un dato que no se puede rebatir: Bauman describe cómo la lógica del consumo penetra también las relaciones afectivas. De allí nace la frase juvenil: «billetera mata galán». Los afectos se compran y se venden. O sea, los afectos se convierten en bienes que se usan y se cambian (Bauman, 2005) ¿Estoy exagerando?: No. Es diagnóstico.

Amor Líquido y cultura individualista: doble golpe al comportamiento humano
A ver, miremos esto con calma. El concepto de amor líquido que acuñó Bauman describe un comportamiento humano donde la gente no quiere comprometerse. Ven el compromiso como una amenaza a la libertad individual. Entonces, las relaciones se vuelven gaseosas, sin responsabilidad hacia el otro (Bauman, 2005). Y eso, tarde o temprano, desemboca en lo que el mismo Bauman llamó ceguera moral: la incapacidad de ver al otro como alguien que merece cuidado (Bauman, 2013) ¡Cada quién que viva su vida y punto!

Un ejemplo concreto. En el siglo XIX, el poeta y novelista alemán Johann Wolfgang von Goethe ya exploraba en Las afinidades electivas cómo la pasión sin valores morales destruye a las personas. Si solo hay fuego terminará por incendiar a la persona. No es moralismo barato: es una advertencia sobre lo que ocurre cuando el deseo individual gobierna sin una brújula ética. Casi doscientos años después, la advertencia sigue vigente.
La cultura individualista —ese océano donde desemboca el amor líquido— es, probablemente, el mayor obstáculo para la recuperación de nuestra esencia. Y ojo: el individualismo no es malo per se. El problema es cuando se convierte en individualismo rampante, en el que cada uno juega su propio juego sin importarle el del vecino (Bauman, 2000).

¿Se puede humanizar el comportamiento humano? Sí, pero cuesta
Ahora la pregunta que nos importa es: ¿hay salida? Creo que sí, aunque no es cómoda. Frankl lo demostró desde un lugar extremo: incluso en Auschwitz, el comportamiento humano podía elegir la dignidad. Escribió que a un hombre se le puede arrebatar todo menos una cosa: la elección de su actitud ante las circunstancias (Frankl, 1946). Eso es, esencialmente, una declaración de libertad ética.
La clave, creo yo, está en recuperar valores. Bauman —que fue crítico despiadado de la modernidad líquida, pero también esperanzador— proponía una ética posmoderna basada no en normas abstractas, sino en la responsabilidad concreta hacia el otro (Bauman, 2004). Dicho de otra manera: menos teoría, más mirar a los ojos. Hay una canción del brasileño Roberto Carlos en la que pregunta si no sería mejor ser civilizado como los animales. Puede sonar a broma, pero pone el dedo en la llaga. Los animales, al menos, no destruyen sus vínculos. Nosotros sí podemos hacerlo. Pero también podemos elegir no hacerlo.

Empecemos por un gesto pequeño
Lucía, nuestra protagonista de ficción, cerró la app. Y tomó una decisión simple. Llamó a su madre, a quien llevaba tres semanas sin contactar. Hablaron durante una hora de nada importante. Y al colgar, sintió algo que le costaba nombrar: quizás era simplemente sentirse menos líquida. Humanizar el comportamiento humano no requiere grandes gestos ni manifiestos filosóficos. Requiere, sobre todo, volver a tomarnos en serio: a nosotros, a los demás, a los vínculos que construimos. Frankl tenía razón: el sentido no se encuentra, se construye. Y se construye con cada decisión ética que tomamos, incluso —y sobre todo— las pequeñas.
Preguntas frecuentes (FAQ)
¿Qué es el amor líquido según Bauman?
El amor líquido es un concepto del sociólogo Zygmunt Bauman que describe la fragilidad de los vínculos afectivos en la modernidad. Las relaciones se vuelven flotantes, sin responsabilidad hacia el otro, y se rigen por la lógica del consumo: se usan y se reemplazan (Bauman, 2005).
¿Qué relación hay entre el comportamiento humano y la crisis de valores?
Cuando el ser humano pierde el sentido de su existencia —lo que Frankl llamó vacío existencial—, tiende a llenar ese vacío con comportamientos superficiales y relaciones desechables. La pérdida de valores éticos y espirituales actúa como detonante de ese vacío (Frankl, 1946).
¿Es posible humanizar la humanidad?
Sí. Tanto Bauman como Frankl coinciden, desde enfoques distintos, en que el ser humano conserva siempre la capacidad de elegir su actitud ética. La recuperación de valores como la responsabilidad, la empatía y el compromiso ofrece una vía concreta para restablecer vínculos genuinos.
¿Qué papel juegan los valores espirituales en el comportamiento humano?
Los valores espirituales —no necesariamente religiosos, sino trascendentes— funcionan como anclas en un contexto de incertidumbre. Frankl demostró que quienes encontraban un sentido superior a su sufrimiento desarrollaban mayor resiliencia y conductas más prosociales (Frankl, 1946).
Bibliografía
- Bauman, Z. (2000). Modernidad líquida. Fondo de Cultura Económica.
- Bauman, Z. (2004). Ética postmoderna. Siglo XXI.
- Bauman, Z. (2005). Amor líquido: Acerca de la fragilidad de los vínculos humanos. Fondo de Cultura Económica.
- Bauman, Z. (2013). La ceguera moral: La pérdida de sensibilidad en la modernidad líquida. Paidós.
- Frankl, V. (1946/2004). El hombre en busca de sentido. Herder.
- Goethe, J. W. (1809/2005). Las afinidades electivas. Alianza Editorial.

