He contactado a un pastor evangélico al cual le he dicho que está practicando un «populismo religioso». Se trata de una persona que se precia de haber estudiado teología en una seminario de renombre en el extranjero. Basado en eso me ha expuesto sus argumentos. Mi réplica ha sido recordarle lo que hizo un grupo de predicadores radicales llamados los «profetas de Zwickau». Ellos, comenzaron a usar el lenguaje de la Reforma y la misma fe que Lutero había despertado ¿Con qué fines? Para azuzar revueltas campesinas con promesas de un reino terrenal inminente. Lutero, horrorizado, los denunció con dureza. Habían tomado el Evangelio y lo habían convertido en arma política. Hoy, el patrón se repite con una frecuencia inquietante. El populismo religioso no es un fenómeno nuevo. Es la tentación más antigua del poder: vestir la ambición política con el lenguaje sagrado de la fe.

¿Qué es el populismo religioso y cómo opera?
El populismo, según el politólogo Jan-Werner Müller, es un discurso que divide a la sociedad entre «el pueblo puro» y «una élite corrupta» (What Is Populism? , 2016). Presenta al líder como único representante auténtico de la voluntad popular. El populismo religioso añade un ingrediente peligroso a esa fórmula: a esa narrativa la reviste de simbolismo bíblico. Cita versículos selectivamente, se presenta como instrumento de la voluntad divina y descalifica a los opositores como enemigos de Dios. El politólogo Rogers Brubaker documentó en Trans (2017) que este fenómeno ha crecido globalmente en las últimas dos décadas, desde Brasil hasta Hungría, desde Estados Unidos hasta varios países latinoamericanos —incluido el Perú— donde candidatos invocan a Dios en campaña sin que su conducta posterior refleje coherencia con los valores que dicen representar.

Los síntomas del populismo religioso
El populismo religioso tiene un patrón reconocible. Primero, la instrumentalización: la fe se usa para lograr el voto electoral. La fe no es algo que moldea la vida del candidato ni antes y ni después de las urnas. No es una práctica en su vida. Segundo, la polarización: el adversario político no es solo alguien con otra propuesta —es presentado como enemigo de Dios, lo cual cierra toda posibilidad de diálogo democrático legítimo. Tercero, los frutos brillan por su ausencia: aun cuando Mateo 7:16 enseña «por sus frutos los conoceréis». En el populista religioso se nota una brecha amplia entre el discurso piadoso de campaña y la manera en que hace política. El teólogo Os Guinness advirtió en Impossible People (2016) que esta instrumentalización termina dañando más a la fe que a la política: cada postura escandalosa de un «líder cristiano» populista erosiona la credibilidad del Evangelio ante una sociedad que observa con atención.

Cuando la religión se convierte en herramienta del poder político, ambas se corrompen —y la fe pierde siempre más que la política
John Witte Jr., historiador del derecho y la religión
Discernimiento frente al populismo religioso
Aquí me parece que en lugar de incursionar en el terreno de la politología, nos convendría sumergirnos en las Escrituras. Creo que la Biblia nos ofrece herramientas de más antiguas y más afiladas que cualquier análisis politológico contemporáneo. Te pongo un ejemplo: Jeremías 23:16. Allí se nos dice: «No escuchen las palabras de los profetas que les profetizan vanidad; les hablan visión de su propio corazón, no de la boca del Señor». Aplicado al populismo religioso, esto exige del cristiano una pregunta incómoda pero necesaria ante cualquier candidato que invoque a Dios: ¿su vida privada, su trayectoria y su carácter sostenido en el tiempo confirman lo que predica en el escenario, o solo lo contradicen? El teólogo Miroslav Volf desarrolló en Public Faith (2011) que la fe genuina en la esfera pública se reconoce por la humildad, la disposición al diálogo y la coherencia ética sostenida. Entonces, no se trata de subir el volumen retórico. Ni tampoco aumentar la frecuencia con que se menciona a Dios en un discurso de campaña.

Habría que denunciarlos…
Lutero denunció a los profetas de Zwickau no porque despreciara la fe del pueblo, sino porque amaba demasiado el Evangelio como para verlo convertido en arma de manipulación. Esa misma vigilancia es la que necesitamos hoy los ciudadanos cristianos frente al populismo religioso. La fe auténtica no necesita instrumentalizar el poder político para validarse. La fe se valida en la coherencia de una vida vivida bajo escrutinio. El discernimiento: es la responsabilidad de quien ama tanto la verdad de Dios que se niega a verla utilizada como disfraz de la ambición humana.
Preguntas frecuentes (FAQ)
¿Qué es el populismo religioso?
Es la instrumentalización del lenguaje, los símbolos y la autoridad de la fe religiosa con fines de movilización política. Combina la estructura del populismo —dividir entre «pueblo puro» y «élite corrupta»— con narrativa bíblica selectiva, presentando al líder político como instrumento de la voluntad divina sin que su conducta sostenida lo confirme.
¿Cómo identificar a un político que practica populismo religioso?
Tres señales clave: usa la fe principalmente en contextos de campaña sin coherencia previa o posterior; presenta a los opositores políticos como enemigos de Dios, no solo como adversarios con otras ideas; y muestra una brecha significativa entre su discurso piadoso público y su conducta privada o ejercicio del poder.
¿Qué dice la Biblia sobre el discernimiento ante líderes que invocan a Dios?
Mateo 7:16 enseña a reconocer a las personas por sus frutos sostenidos, no por sus palabras. Jeremías 23:16 advierte contra los profetas que hablan de su propio corazón y no de la boca de Dios. La Escritura llama a la evaluación de la coherencia entre discurso y vida, no a la aceptación acrítica de quien invoca el nombre divino.
¿Cómo debe responder un cristiano ante el populismo religioso en época electoral?
Con discernimiento informado: evaluando la trayectoria y el carácter sostenido del candidato más allá del discurso de campaña, evitando la polarización que convierte a adversarios políticos en enemigos espirituales, y recordando que la fe genuina se valida por la coherencia ética, no por la frecuencia con que se menciona a Dios públicamente.
Bibliografía
- Brubaker, R. (2017). Between nationalism and civilizationism: The European populist moment in comparative perspective. Ethnic and Racial Studies, 40(8), 1191–1226. https://doi.org/10.1080/01419870.2017.1294700
- Guinness, O. (2016). Impossible people: Christian courage and the struggle for the soul of civilization. InterVarsity Press.
- Müller, J. W. (2016). What is populism? University of Pennsylvania Press.
- Volf, M. (2011). A public faith: How followers of Christ should serve the common good. Brazos Press.
- Witte, J. Jr., & Alexander, F. S. (Eds.). (2010). Christianity and human rights: An introduction. Cambridge University Press.

