Hace poco me matriculé en un curso técnico, pero lo tuvieron que cancelar. Con el fin de reparar de alguna manera el perjuicio que me causaban me ofrecieron un curso gratuito de domótica. Este curso me llevó a releer a George Orwell que en 1949, imaginó un mundo donde el Gran Hermano observaba cada hogar a través de una pantalla llamada telepantalla. Era ficción distópica. Nadie en su sano juicio querría un mundo así. Pero, setenta años después, millones de personas instalan voluntariamente micrófonos, cámaras y sensores en sus casas, sus dormitorios y hasta las habitaciones de sus hijos. Sé de un familiar al cual su hija le ha puesto una cámara en su cuarto. Se trata de diversos equipos que llaman altavoces inteligentes, termostatos conectados y monitores de bebé. El internet de las cosas convirtió el hogar —el espacio más sagrado de la vida privada— en el entorno más monitorizado de la historia humana. Hacemos esas instalaciones con mucho entusiasmo, inclusive. La pregunta que pocos se hacen es: ¿a qué precio?

Qué es el internet de las cosas y qué datos recopila de tu hogar
El término fue acuñado por el ingeniero británico Kevin Ashton en 1999 para describir objetos cotidianos conectados a internet que recopilan y comparten datos de forma autónoma. Hoy, el internet de las cosas incluye desde refrigeradores que registran tus hábitos alimenticios hasta televisores que mapean tus patrones de sueño. Lo que pocos te dicen es que toda esta innovación entraña un problema serio. La empresa de ciberseguridad Pew Research (2021) documentó que el hogar promedio con dispositivos inteligentes genera más de 150 megabytes de datos por minuto —la mayoría sin que el usuario lo sepa ni lo autorice conscientemente ¿Eres consciente de lo que eso significa? Pues, simplemente que lo que entra por la puerta como comodidad sale por la ventana como dato comercializable.

El internet de las cosas y los riesgos reales
Los riesgos no son producto de alguna paranoia que sufrimos. En 2019, investigadores de la Universidad de Northeastern documentaron que dispositivos Amazon Echo y Google Home transmiten grabaciones de conversaciones privadas a servidores corporativos incluso cuando el usuario no los activa deliberadamente. En 2021, la empresa de cámaras inteligentes Verkada sufrió un hackeo que expuso las imágenes en tiempo real de 150.000 cámaras instaladas en hogares, hospitales y escuelas. Para nosotros (los cristianos) supongo que aquí hay un serio problema ético. Para el hogar cristiano que entiende la familia como espacio de intimidad, formación y vulnerabilidad compartida, el internet de las cosas plantea una pregunta que no puede responderse solo con antivirus: ¿quién más habita en tu casa sin que lo hayas invitado?

Una ética cristiana para un hogar digital
El hogar, en la cosmovisión bíblica, no es solo una dirección —es un santuario. Es lo que yo entiendo cuando leo Josué 24:15. Pienso que allí se articula una declaración de soberanía doméstica que resuena de manera sorprendente en el siglo XXI: «En cuanto a mí, yo y MI CASA, serviremos al Señor». Esa soberanía que existe en nuestro hogar, me parece que incluye decidir quién —y qué— entra. El teólogo y filósofo Albert Borgmann desarrolló en Technology and the Character of Contemporary Life (1984) el concepto de «dispositivos focales»: objetos que congregan a la familia en lugar de dispersarla. Para navegar el internet de las cosas con integridad cristiana, podemos aplicar tres criterios: auditar qué dispositivos tiene en casa y qué datos recopilan; leer las políticas de privacidad antes de instalar cualquier dispositivo conectado; y preguntarse si cada tecnología sirve a la comunidad familiar o la quiebra silenciosamente.

Orwell no lo imaginó
Orwell imaginó que el Gran Hermano nos obligaría a instalar la telepantalla. Lo que no imaginó es que la compraríamos nosotros mismos, en oferta, con entrega al día siguiente. Lo haríamos voluntariamente y con gran entusiasmo (alguien decía: «no hay nada más peligroso que un tonto motivado»). El internet de las cosas no es intrínsecamente malo —es poderosamente ambivalente. Como toda herramienta, su ética depende de quien la usa y con qué conciencia. Para el cristiano, el hogar es el primer territorio de mayordomía: cuidarlo de intrusiones invisibles es tan legítimo como cerrar la puerta con llave. La tecnología debe servir a la familia —no estudiarla, no comercializarla, no fragmentarla ¿Lo crees así?
Preguntas frecuentes
¿Qué es el internet de las cosas y cómo afecta al hogar?
Es la red de objetos cotidianos —altavoces, televisores, termostatos, cámaras, electrodomésticos— conectados a internet que recopilan y comparten datos de forma autónoma. Un hogar promedio con dispositivos inteligentes genera más de 150 megabytes de datos por minuto, incluyendo conversaciones, hábitos y rutinas familiares.
¿Es seguro tener dispositivos inteligentes en el hogar?
Con precauciones, sí. Los riesgos incluyen transmisión no autorizada de conversaciones —documentada en dispositivos Amazon Echo y Google Home— y vulnerabilidades de hackeo como el caso Verkada (2021), que expuso 150.000 cámaras domésticas. Actualizar firmware, usar contraseñas robustas y auditar permisos de privacidad reduce significativamente la exposición.
¿Cómo proteger la privacidad familiar ante el internet de las cosas?
Auditando regularmente qué dispositivos están conectados y qué datos recopilan; leyendo las políticas de privacidad antes de instalar; desactivando micrófonos y cámaras cuando no se usan; segmentando la red doméstica para aislar dispositivos IoT; y revisando periódicamente los permisos concedidos a cada aplicación vinculada.
¿Qué perspectiva ofrece la fe cristiana sobre la privacidad del hogar digital?
La cosmovisión bíblica entiende el hogar como santuario de formación e intimidad familiar. Josué 24:15 establece una soberanía doméstica que incluye decidir quién y qué entra en casa. Desde esa perspectiva, proteger la privacidad digital del hogar es un acto de mayordomía responsable, no de paranoia tecnológica.
Bibliografía
- Ashton, K. (2009). That «internet of things» thing. RFID Journal. https://www.rfidjournal.com/that-internet-of-things-thing
- Borgmann, A. (1984). Technology and the character of contemporary life: A philosophical inquiry. University of Chicago Press.
- Edu, J. S., Such, J. M., & Suarez-Tangil, G. (2020). Smart home personal assistants: A security and privacy review. ACM Computing Surveys, 53(6), 1–36. https://doi.org/10.1145/3412383
- Orwell, G. (1949/2013). 1984. Secker & Warburg / Penguin Modern Classics.
- Zuboff, S. (2019). The age of surveillance capitalism: The fight for a human future at the new frontier of power. PublicAffairs.

