noviembre 26, 2022
Sociedad

El aumento de necios en el planeta

¿Se puede saber si el aumento de necios en el planeta es una realidad? Vivimos en un mundo que todo lo mide. Los números son tan importantes en nuestra sociedad encuestocrática.  Hemos sido testigos que en un diario limeño, se llegó a publicar una medición de cuán pitucos éramos en el Perú. Y como para no desentonar con dicha extravagancia, incluso se llegó a crear una herramienta a la cual llamaron el pitucómetro.

La obsesión por medirlo todo

Aunque con el advenimiento del Big Data pareciera que esto de querer medirlo todo fuera una singularidad de nuestra época, en realidad no lo es. El ser humano, en general, a través de la historia ha evidenciado que siempre ha tenido esta manía. Casi toda la historia humana está plagada de ejemplos que muestran la obsesión por medirlo todo. Entonces ¿por qué no medir la necedad humana?

Pero, notemos algo. Durante casi toda la historia las mediciones estaban enfocadas en lo práctico: ¿cuánta agua hay aquí?, ¿cuán profundo es este lago?, ¿me podré tirar un clavado? ¿Cuánto pesará este pescado? ¿me alcanzará para toda la familia? ¿Cuánto tiempo falta para navidad y así poder darme el gusto de disfrutar de un panetón? Eran mediciones de este tipo. Prácticas, cotidianas.

La necedad, una preocupación mundial

Sin embargo, había otros asuntos de más trascendencia, que también preocupaban a la humanidad y que necesitaban medirse de manera seria. Estas preocupaciones fueron recogidas en el best seller literario: Las leyes fundamentales de la estupidez humana. En dicha obra, Carlo Cipolla, señala a la necedad (estupidez) como una de “las más poderosas y oscuras fuerzas que impiden el crecimiento del bienestar y de la felicidad humana”.

Por cierto que no existe un estudio serio ni una herramienta elaborada que nos permita saber con certeza si el aumento de necios es una realidad en nuestras sociedades. Lo más que podríamos hacer, para darnos una idea de cuánto ha aumentado la estupidez humana, sería guiarnos por algunas frases intuitivas, empíricas, de algunos personajes históricos.

El aumento de necios desde Quevedo

Podríamos guiarnos, por ejemplo, del conocido aforismo de Francisco de Quevedo que aseguraba que: “Todos los que parecen estúpidos lo son y, además también lo son la mitad de los que no lo parecen”. La frase es sarcástica, pero no deja de ser una impresión muy generalizada que tenemos acerca del género humano. Si a esto le sumamos las palabras de Paul Tabori, escritor y periodista húngaro: “Algunos nacen estúpidos, otros alcanzan el estado de estupidez, y hay individuos a quienes la estupidez se les adhiere. Pero la mayoría son estúpidos no por influencia de sus antepasados o de sus contemporáneos. Es el resultado de un duro esfuerzo personal. Hacen el papel del tonto”, con esto ya tendríamos una idea del alarmante número de la estulticia humana.

Es por eso que la Primera Ley Fundamental de la Estupidez Humana, enunciada por Cipolla, trata de hacernos ver una realidad que preferimos ignorar, él dice que: “Hemos subestimado el número de individuos estúpidos que circulan por el mundo”. Es decir, creemos que son unos cuantos, y quién sabe, el mundo esté plagado de ellos.

¿Ha quedado vetado el uso del adjetivo «necio»?

¿Pero a qué llamamos “estupidez humana”? ¿Acaso no es un adjetivo denigrante y peyorativo que el mismo Jesucristo dejó prohibido que lo usáramos para calificar a un ser humano? Bueno, esta es una verdad a medias. En el idioma original de aquellos tiempos, para la palabra “estúpido” existían dos vocablos: Raca, que significa estúpido, en el sentido de necio, obstinadamente ciego, irracional.  Y, también existía el término Aphron, que se refería a una persona que no había entendido algo. Que no tenía claro algo, que le faltaba entendimiento en algún punto.

Necios voluntarios y necios involuntarios

Jesús, usó el adjetivo raca cuando se dirigió a sus enemigos, pero dejó prohibido que se usara el término contra algún hermano en la fe. Entre los miembros de la comunidad cristiana podría usarse aphron para referirse a un miembro de la fe que, a pesar de los esfuerzos, aún no entendía ciertas cosas.

Lo cierto es que hoy, en una sociedad superinformada como la nuestra, hay pocos aphron y muchos racas. Se ha incrementado la necedad. Ha crecido el número de gente voluntariamente necia, a pesar de que el refrán popular nos ha advertido por muchos años que no hay peores ciegos que aquellos que no quieren ver.