Antonio llegó al recinto con las manos temblorosas. No lo asaltó esa sudoración repentina que delata a ciertos oradores; su nerviosismo se escondía en los dedos, que apenas lograban quedarse quietos. Los auditorios nuevos siempre lo tensaban, y moverse en terreno desconocido nunca le resultó cómodo. Una comunidad cristiana lo había invitado a dictar una conferencia sobre superación personal, y su tema central era el ascenso legítimo y sus falsificaciones. Afuera, la noche había tendido su manto sobre el puerto del Callao. Adentro, Antonio subió al estrado y habló de las «personas globo»: aquellas cuyo ego desbordado las eleva y las coloca muy por encima de los demás. Cuando terminó, una pregunta quedó flotando en el aire, liviana e insistente como un globo sin hilo: ¿cómo se logra un ascenso legítimo?

El ascenso legítimo es una aspiración noble
Aspirar a subir, en cualquier ámbito, es un anhelo natural, también para los cristianos. Conviene aclararlo, porque algunas interpretaciones teológicas desalientan toda búsqueda de ascenso con el argumento de que choca con la humildad. Nada de eso. La Biblia misma anima a crecer: Pablo escribió a Timoteo que, si alguien anhela obispado, «buena obra desea» (1 Timoteo 3:1). El ascenso legítimo no traiciona la fe; la honra cuando se busca con integridad.
Sin embargo, existen ascensos ilegítimos. El mismo Pablo lo advirtió con una imagen deportiva: el atleta no recibe corona si no compite conforme a las reglas (2 Timoteo 2:5). La Escritura también separa el impulso del ego del reconocimiento genuino: «Alábete el extraño, y no tu propia boca» (Proverbios 27:2), y Jesús enseñó que quien se humilla será enaltecido (Lucas 14:11). Es de esa manera en que el ascenso legítimo combina ambición sana con humildad práctica.

Meritocracia: el ascenso legítimo que rara vez llega
Imaginemos una sociedad donde el mérito sea la norma. Allí cada persona subiría según el peso de sus conocimientos y de su experiencia, y el ascenso legítimo sería la regla. Aunque debo señalar que el sociólogo Michael Young acuñó la palabra meritocracia en 1958, pero lo hizo como sátira y como advertencia (Young, 1958). Lo cierto es que en el Perú, la ley reconoce el principio. La Ley Marco del Empleo Público establece que el ingreso, la permanencia y los ascensos en el empleo público se fundamentan en el mérito y la capacidad (Congreso de la República del Perú, 2004, art. IV, num. 7), y la Ley del Servicio Civil creó un régimen único para quienes sirven al Estado (Congreso de la República del Perú, 2013, art. I). Pero la práctica no siempre acompaña al papel, y el ascenso legítimo se queda demasiadas veces en el texto de la norma.
Ocurre entonces lo que Héctor Velarde retrató con humor hace décadas: suben quienes carecen de las competencias requeridas (Velarde, 1970). Al no cargar contenido, son personas «livianitas», vacías, y se elevan como globos de forma natural. Ningún esfuerzo los empuja; los sostiene el aire. Por eso el ascenso legítimo exige peso: preparación, carácter y tiempo.

Cómo construir un ascenso legítimo
Un ascenso legítimo es orgánico —palabra que se ha puesto de moda—: sucede a través de un proceso, subiendo la escalera peldaño a peldaño. ¿No es eso lo más natural? Jesús lo ilustró en una parábola: al siervo que fue fiel en lo poco, su señor le confió mucho más (Mateo 25:21). Primero viene la fidelidad; después, el ascenso. Lo cuestionable es lo que vemos a diario: cuanto más vacías están algunas personas por dentro, más volumen ganan ante el público. Son «personas globo» vistosas, que atraen a las masas y cuyo tamaño aparente es puro aire. El fenómeno aparece en la política y también en el entorno laboral, donde el ascenso legítimo compite con el aplauso fácil.
¿Qué hacer? Para empezar, adoptar la meritocracia como norma. No es fácil, porque exige un cambio estructural profundo que garantice que el talento y el esfuerzo sean los únicos motores del éxito. Implica, además, una tarea ardua: desmantelar el «amiguismo», el «padrinazgo» y el «compadrazgo». Solo así el ascenso legítimo dejará de ser una excepción. ¡Vamos, Perú! «Hay, hermanos, muchísimo que hacer», diría Vallejo (1939).

Se demora más pero…
Volvamos al salón del Callao. Antonio bajó del estrado con las manos aún temblorosas, y entonces comprendió algo: los globos nunca tiemblan. No dudan, no se preparan, no cargan peso; simplemente suben. Las manos de Antonio, en cambio, temblaban porque llevaban carga: estudio, responsabilidad, respeto por quienes lo escuchaban. Ese peso es la marca del ascenso legítimo.
La pregunta que quedó flotando tiene, por fin, respuesta. Se sube con mérito, con integridad y con paciencia, un peldaño por vez y sin empujar a nadie. El ascenso legítimo tarda más que un globo, pero llega adonde el aire nunca llega: a un lugar donde uno puede sostenerse sin ayuda. Y tú, ¿globo o peldaño?
Preguntas frecuentes (FAQ)
¿Qué es un ascenso legítimo?
Un ascenso legítimo es el avance a un puesto o nivel superior logrado por mérito, preparación y esfuerzo comprobables, sin favoritismos ni atajos. Se construye peldaño a peldaño, con procesos transparentes y resultados visibles, y respeta tanto las reglas de la organización como la dignidad de los demás.
¿Puede un cristiano aspirar a un ascenso?
Sí. La Biblia presenta el anhelo de un cargo como una buena obra (1 Timoteo 3:1), siempre que se persiga con integridad y no con ambición egoísta. Para un cristiano, el ascenso legítimo combina esfuerzo honesto, humildad práctica y servicio a los demás.
¿Qué son las «personas globo»?
Son personas de ego desbordado y poco contenido que alcanzan un estatus superior por su vistosidad, no por su competencia. Como los globos, suben con facilidad porque no pesan. Se distinguen de quien logra un ascenso legítimo por la falta de preparación, carácter y trayectoria que respalden su posición.
¿Cómo lograr un ascenso legítimo en el trabajo?
Desarrolla competencias comprobables, cumple con excelencia tus tareas actuales, acepta responsabilidades crecientes y actúa con integridad. Evita el amiguismo y los atajos. Un ascenso legítimo se gana con resultados visibles y con una reputación que se sostiene incluso cuando nadie te aplaude.
¿Qué es la meritocracia y por qué importa?
Es un sistema en el que las personas avanzan según sus talentos, esfuerzo y logros, y no según su apellido, sus contactos o su fortuna. Aplicada con justicia, garantiza el ascenso legítimo; sin controles, puede generar arrogancia en los ganadores, como advierte Michael Sandel (2020).
Fuentes
- Congreso de la República del Perú. (2004). Ley n.º 28175, Ley Marco del Empleo Público. Diario Oficial El Peruano. https://lpderecho.pe/manifiesto-juridico-derogacion-ley-servicio-civil-ley-30057/
- Congreso de la República del Perú. (2013). Ley n.º 30057, Ley del Servicio Civil. Diario Oficial El Peruano, 4 de julio. https://www.congreso.gob.pe/Docs/DGP/DIDP/files/ley_30057.pdf
- Sandel, M. J. (2020). The tyranny of merit: What’s become of the common good? Farrar, Straus and Giroux.
- Sociedades Bíblicas Unidas. (1960). La Santa Biblia: Versión Reina-Valera 1960. https://www.biblegateway.com/versions/Reina-Valera-1960-RVR1960-Biblia/
- Vallejo, C. (1939). Poemas humanos. Les Éditions des Presses Modernes.
- Velarde, H. (1970). Globos y globitos. En Antología humorística. https://www.goodreads.com/book/show/30068711-antolog-a-humor-stica
- Young, M. (1958). The rise of the meritocracy, 1870–2033: An essay on education and equality. Thames & Hudson.

